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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 81

Molina ya se olía algo así.

Cecilia ya no era «la hija de los Ortiz», y quién sabe cuántos estarían esperando el momento para hacer leña del árbol caído.

El tutor de Diego tampoco tenía el valor de asegurar que todo fuera culpa de la chica. Porque él también sabía que Diego, ese muchacho, no era precisamente una perita en dulce. Vete tú a saber qué barbaridades le habría dicho a la joven.

Pronto, el profesor Quintana, encargado de mantener el orden, trajo a Diego.

Al ver a Cecilia y a Sandra en la oficina, Quintana las miró con sorpresa: —Estas dos niñas son de armas tomar.

La enfermera de la escuela ya había dado su diagnóstico: Diego solo tenía heridas superficiales; lo único «grave» eran esos dos ojos morados. El resto era puro dolor, nada serio.

Sus palabras exactas fueron: «¿Dices que fueron dos chicas las que le pegaron?».

Quintana asintió. Una de ellas era Sandra, conocida por mandar a otros a la enfermería con frecuencia. La otra, se suponía que era una niña rica; aunque fuera falso, siempre se había comportado como una dama y nunca se le había visto levantarle la mano a nadie.

—De esas dos, a Sandra la ubico; pelea bien y es técnica, así que no golpea en puntos vitales.

—La clave es la otra chica. Golpeó con una precisión quirúrgica; quien no la conozca pensaría que es médico. Sabe cómo golpear para causar dolor, pero sin dañar nada fundamental.

La enfermera presionó varios puntos en el cuerpo de Diego, y él gritó como marrano.

—Son puntos de presión. Duelen, pero no hay daño real en el cuerpo.

—Chico, andas medio débil —le dijo la enfermera a Diego con tono burlón.

Diego hizo una mueca de dolor: —¡Doctora, más suave!

La enfermera puso cara de inocencia: —¡Pero si ni siquiera he hecho fuerza! Estás así de robusto y no aguantas nada, ¡y todavía te pones a pelear!

¿No te da vergüenza que dos chicas te hayan sometido en el suelo?

Cecilia no esperaba que la enfermera se diera cuenta de su técnica. Pero bueno, ya estaba hecho, y no le preocupaba demasiado.

—Entonces, como no le hicimos nada grave, ¿no hace falta llamar a los padres?

Capítulo 81 1

Capítulo 81 2

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