Una propiedad valuada en doscientos millones de pesos, de repente la querían vender en mil millones. Eso iba totalmente en contra de la política de inversión de Grupo Novaterra.
Básicamente, los querían agarrar de tontos.
Uno de los altos mandos del grupo no se aguantó y empezó a quejarse de la dueña de la casona en plena junta.
En ese momento, Agustín intervino:
—¿Estás insultando a mi prometida por cobrar una barbaridad?
El directivo se quedó helado:
—No, señor Sandoval, escuchó mal. Estaba hablando de la dueña de esa propiedad.
—Ah, pues la dueña de esa propiedad es mi prometida —soltó Agustín con calma.
Los empleados que habían ido con Agustín a revisar el proyecto en la zona oeste, y que también estaban en la reunión, de inmediato recordaron el rostro de Cecilia.
Para todos, ella era sinónimo de belleza y genialidad.
Pero ahora tenían que sumarle el título de «mujer rica».
Se miraron de reojo, entendiendo por fin por qué era la prometida del jefe. Estaban en el mismo nivel social y económico.
Mientras tanto, los demás directivos apenas iban captando la situación. Compraran o no la casona, tarde o temprano iba a terminar en manos del señor Sandoval, ¿no?
¿Y el pobre directivo que propuso la compra?
Estaba al borde del colapso, preguntándose por qué no había mantenido la boca cerrada.
—Señor Sandoval, una disculpa, se lo juro que no quería ofender a su prometida. Viéndolo bien, si todo queda en familia, no importa a nombre de quién esté la propiedad —se excusó rápidamente—.
—De hecho, es mejor que sea de ella. Todo queda en casa. Así, cuando hagamos publicidad, podemos promocionar la casona también.
No por nada era un alto ejecutivo de Grupo Novaterra. Le giraba rápido la ardilla.
Hacía un segundo se quejaba de que querían estafarlos, y ahora ya había cambiado de estrategia.
Si eran familia, ¿qué tenía de malo hacerles un poco de publicidad?
Agustín le echó una mirada de aprobación, dándole a entender que había salvado el pellejo.
Los demás se quedaron calladitos. Ya les había quedado claro que el jefe estaba muy feliz con su prometida y la defendía a capa y espada.

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