—¿No será que no es estudiante de nuestra facultad? Yo conozco a casi todos en la carrera de Medicina, pero alguien con la destreza de usar unos cubiertos así...
En ese preciso instante, Cecilia y Mireya pasaron junto a ellos con sus bandejas de comida.
Ignacio, que tenía vista de águila, la reconoció de inmediato:
—¡Oye! ¿Te acuerdas de mí?
Era la primera vez que alguien interrumpía a Sabrina mientras hablaba, lo cual le provocó una enorme molestia.
Sin embargo, siguió la mirada del joven.
Apenas cruzó miradas con Cecilia, Sabrina supo que ella era la chica del video.
Quizás era su sexto sentido femenino advirtiéndole que esa chica representaba una gran amenaza.
—¿Tú eres el muchacho de ayer? —Mireya fue la primera en reconocerlo.
Cecilia también lo había reconocido al instante, pero, sinceramente, no tenía ganas de admitirlo frente a toda esa gente.
Especialmente porque sentía una mirada nada amigable clavada en ella; su radar para evitar problemas ya había empezado a sonar.
—¡Sí, soy yo! —respondió Ignacio, muy emocionado—.
Qué casualidad encontrarlas aquí en el campus.
—Ayer me quedé con las ganas de pedirles su número, la verdad quería darles las gracias como se debe.
Especialmente a ti —añadió, clavando sus ojos en Cecilia.
Si Cecilia no decía nada en ese momento, iba a quedar como una maleducada.
—Como les dije ayer, no fue ninguna molestia. Quienes le salvaron la vida a tu madre fueron ustedes mismos; si no hubieran tomado la decisión, yo no habría podido hacer nada.
Además, lo único que hice fue calmarle el dolor, los médicos fueron quienes realmente la salvaron.
Cecilia no tenía la menor intención de colgarse ninguna medalla. No lo hizo el día anterior, y mucho menos lo haría ahora.
—De todos modos, le calmaste el dolor. Con lo delicada que es mi mamá, dudo mucho que hubiera aguantado el trayecto hasta el hospital.
Ignacio estaba diciendo la pura verdad.
—Hay que pasarnos los contactos. Como apenas soy de nuevo ingreso, nos toca ir al campamento de integración, pero en cuanto regresemos, me gustaría invitarlas a comer.
Originalmente, la señora Carmen le había dicho que comprara algunos regalos para agradecerle.
Pero al ver la actitud de Cecilia, Ignacio dedujo que no los aceptaría. Así que se le ocurrió invitarla a comer primero y, ya estando ahí, llevarle los obsequios.


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