—Con razón no estuviste esa noche.
Martina por fin entendió.
Todo cobraba sentido ahora.
Se acordó de las compañeras que andaban chismeando a espaldas de Cecilia, abrió la boca, pero al final decidió no decir nada.
Cecilia era demasiado sobresaliente, todo lo que hacía llamaba la atención.
Seguramente a ella no le importaba lo que los demás dijeran.
Había crecido siendo el centro de atención, siempre habría alguien hablando de ella.
Cecilia le pasó a Martina un paquete al vacío con botanas picantes.
Al parecer, el instructor de Alan era del norte, porque le regaló especialidades de por allá, y estaban riquísimas.
Una era carne seca con chile y la otra era pollo picante.
De hecho, esas cosas las preparaba el mismísimo instructor.
Cocinaba bastante rico.
Antes hasta las vendía a escondidas por Instagram.
Decía que las hacía su mamá.
Si no, le habría dado pena cobrarles a sus colegas.
—¿En serio es para mí? —A Martina le brillaron los ojos. ¡Era carne!
—Sí.
Martina no lo dudó ni un segundo y lo agarró:
—¡Ya se me hacía agua la boca! ¡Mil gracias, Cecilia!
Cecilia hizo un gesto con la mano.
—No hay de qué.
Fue hasta que agarró la comida que Martina se acordó de lo que habían dicho sus dos compañeras de cuarto sobre Cecilia y las botanas.
Lo dudó un instante y prefirió no abrir el paquete todavía.
Lo envolvió en su ropa para llevárselo.
No es que no quisiera compartirlo con sus compañeras, solo que no sabía cómo decírselos.
Había recibido comida de Cecilia, pero era evidente que ella no tenía intención de darle al resto.
Por lo tanto, a Martina no le pareció correcto compartirlo con las demás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana