La figura de Emilio se tensó; todo su cuerpo desbordaba una energía helada, tan intensa que la gente a su alrededor sintió escalofríos.
—Vine a buscar a mi esposa.
¿Esposa?
El papá de Kelvin se quedó pasmado, sin saber qué decir.
—¿Su esposa es…?
Emilio extendió una mano hacia Celina, su voz apenas un susurro.
—Ven conmigo.
De inmediato, todas las miradas se clavaron en Celina. ¿Así que era esposa de otro? ¿Entonces toda esta familia…?
—¡No digas tonterías! —por primera vez, la señora Flores dio un paso al frente para intervenir—. ¿Desde cuándo mi nieta se casó? ¡Eso no es cierto!
Isidora, luego de asimilar la situación, arrugó la frente.
—Así es. Si mi sobrina de verdad estuviera casada, ¿crees que tantos años no nos habríamos enterado? —clavó la mirada en Celina—. Celi, aunque no quieras casarte, tampoco tenías que inventar semejante teatro, ¿o sí?
La mamá de Kelvin también asintió, convencida. Después de todo, cuando la familia Flores vino a hablar de matrimonio, dijeron que la muchacha era joven y no estaba casada…
—Señor, ¿no será que está confundido? Hoy es un día muy importante para nosotros, ¿cómo es posible que su esposa sea la futura esposa de mi hijo?
Celina no esperó más y habló con claridad.
—Perdón, pero sí estoy casada. Si van al registro civil pueden comprobar mi estado civil. Ustedes, que son personas instruidas, deben saber lo que es el delito de bigamia.
El rostro de la pareja cambió de inmediato.
El papá de Kelvin fulminó con la mirada a Isidora y Helena.
—¿La familia Flores quiso engañarnos para sacar provecho?
—¡No, suegros, esto debe ser una confusión!
Helena intentó aclarar, pero Lea intervino.
—¿Qué tiene de complicado? Si quieren saber la verdad, vayan al registro civil, ahí está todo. Además, Celina es reconocida por Renata como la señora Arce. Si siguen presionándola así, ¿acaso buscan enfrentarse a la familia Arce?
El rostro de Isidora perdió color. Apenas y logró mantenerse en pie.
La familia Arce… ¡todo lo que decía Felipe Flores era cierto!
Helena, llena de remordimiento, volteó a reclamarle a Isidora.
—¡No que Felipe y los suyos eran unos presumidos mentirosos! ¿Y ahora qué?



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