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Celina: entre la medicina y el adiós definitivo romance Capítulo 221

Abril mandó varios mensajes intimidantes y presuntuosos, y aunque pasó media hora, Celina no le contestó. Aun así, ella se sentía de lo más satisfecha; al menos, había conseguido lo que quería.

En ese momento, su teléfono sonó. Era Valentina.

Abril contestó con fastidio, sin molestarse en disimularlo.

—¿No le dije que si no era algo importante no me llamara?

—¡Abril, de verdad me echaste a perder la vida! —La voz de Valentina ya no sonaba respetuosa como antes, sino llena de enojo y reproche—. ¿No fuiste tú la que me aseguró que el señor Arce ni se inmutaría si yo hacía algo contra la familia Flores? ¿Y ahora qué? ¡La familia Herrera ya no me quiere ayudar! ¡Hasta quieren que mi esposo se divorcie de mí! ¡Debí estar loca para creerte todas tus tonterías!

—Valentina, ¿qué significa eso? —La expresión de Abril se endureció, dándose cuenta de que algo iba muy mal—. ¿Dónde está usted ahora?

—¿Dónde más podría estar? ¡El señor Arce vino a buscarme ayer! ¡Ya no quiero seguir huyendo ni escondiéndome! Mejor cuídate sola, no vuelvas a buscarme. ¡Qué mala suerte toparme con alguien tan delirante y creída como tú!

Valentina le colgó después de desahogar toda su rabia.

Abril se quedó paralizada, como si hubiera visto un fantasma. En un segundo, todo el color desapareció de su cara.

En ese instante, Emilio empujó la puerta del cuarto del hospital y entró, con la mirada oscura y amenazante.

—¿Emilio? ¿Qué haces aquí? —Abril intentó controlar el temblor de su voz, forzando una sonrisa.

Él la miró sin emoción, su vista pasó sobre el celular que Abril trataba de esconder, y soltó:

—¿De quién era la llamada?

Ella bajó la mirada, tratando de sonar despreocupada.

—Solo una amiga. Se enteró que estoy hospitalizada y quería saber cómo estoy —respondió y, levantando la vista de nuevo, agregó—: Emilio, hace tiempo que no veo a Santi, ya lo extraño. Cuando salga de aquí, quiero pasar unos días con él.

Todavía tenía a Santiago como carta bajo la manga.

Por el cariño que Emilio le tenía a Santi, aunque estuviera molesto con ella, tarde o temprano terminaría perdonándola.

Al fin y al cabo, él la había amado tanto.

Emilio clavó la vista en el ramo de flores sobre la mesita, y empezó a jugar con los tallos sin interés.

—¿Le mandaste algún mensaje a Celina?

La sonrisa de Abril se congeló. Inconscientemente, apretó el teléfono con fuerza.

Capítulo 221 1

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