La intranquilidad se apoderó de Héctor mientras contemplaba el salón familiar. A pesar de que su instinto le urgía trasladar aquella delicada conversación a un espacio más íntimo, algo en el ambiente lo mantuvo inmóvil, como si una voz silenciosa le advirtiera que prestara atención a los detalles que lo rodeaban.
Su mirada se detuvo en Carla, quien permanecía apartada en un rincón del salón. La quietud de su semblante, esa máscara de aparente indiferencia, despertó en él una inquietud visceral. La falta de asombro en su rostro ante la aparición de Israel resultaba perturbadora, como si el regreso de entre los muertos de su cuñado fuera un evento anticipado.
"¿Por qué tanta calma?", se preguntó Héctor. La ausencia de sorpresa en el rostro de Carla sugería un conocimiento previo, un secreto compartido que hasta ahora permanecía oculto. ¿Por qué, si sabía que Israel vivía, había guardado silencio? Y más importante aún, ¿qué razones tendría Israel para mantenerse en las sombras, permitiendo que su familia sufriera su supuesta pérdida?
Sus miradas se encontraron por un instante. Carla desvió la vista hacia el suelo, un gesto que para Héctor fue más revelador que mil palabras. Esa súbita evasión confirmaba sus sospechas: ella guardaba secretos que podrían sacudir los cimientos de la familia Ayala.
—Papá, ¿vamos arriba? —La voz de Israel interrumpió sus cavilaciones.
La urgencia de respuestas competía con la prudencia en la mente de Héctor. Decidió que sus dudas sobre Carla podrían esperar; el regreso de Israel demandaba atención inmediata. Con un gesto de asentimiento, siguió a su hijo hacia el segundo piso.
Carla permaneció en su sitio, su mirada fija en la escalera por donde habían desaparecido padre e hijo, antes de volverse hacia donde descansaba Jacinta.
Ya en la intimidad del estudio, las preguntas brotaron de Héctor como un torrente contenido.
—¿Dónde has estado todo este tiempo, Israel? ¿Por qué mantener el secreto de que seguías con vida? —La voz de Héctor temblaba con una mezcla de alivio y reproche—. Y ahora apareces como el héroe que desmanteló esa organización criminal... ¿No era Simón quien trabajaba con Alejandro?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cicatrices de un Amor Podrido