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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 267

Amanda volteó por inercia hacia el hombre que había salido en su defensa. Era un sujeto alto, de presencia imponente y con una mirada penetrante que metía miedo.

—¿Golpeando mujeres? Qué cabrón.

Al decir eso, el hombre le soltó una patada en el pecho al acosador, mandándolo al piso de un golpe seco.

Para entonces, las sobrecargos y un azafato ya habían llegado al pasillo al escuchar el escándalo. El tipo golpeado se paró de volada y corrió a esconderse detrás de ellos.

—¡Auxilio! ¡Estos dos me empezaron a golpear de la nada! Todos en el avión pueden testificar.

Al ser la principal afectada, Amanda no tardó en alzar la voz para aclarar la situación:

—Este señor me estaba manoseando y me tuve que defender. Luego quiso golpearme y este joven me ayudó.

El acosador se hizo la mosca muerta:

—¡Puras mentiras! ¿A ver, tienes pruebas de que te toqué? Si no tienes cómo comprobarlo, te voy a demandar por difamación.

El muy cínico no daba su brazo a torcer; era el típico sinvergüenza que no entendía hasta verse arrinconado.

Se sentía muy confiado porque, antes de meterle mano a la muchacha, se había fijado bien en la posición de las cámaras. Su asiento estaba justo en un punto ciego, así que, aunque le vieran la cara, nadie podía notar lo que hacía con las manos.

Por eso estaba convencido de que la mujer jamás podría culparlo.

Sin embargo, en ese momento, una señora se levantó de su asiento.

—Yo tengo pruebas.

La señora se acercó a la sobrecargo mostrando el celular en la mano.

—Desde que se subió al avión lo vi con cara de mañoso. En cuanto la señorita se durmió, sacó el cobre. Me dio tanto coraje que lo grabé todo todito.

La sobrecargo le dio «play» al video. En la pantalla se veía clarito cómo el tipo la acosaba. Al verse descubierto en la movida, al infeliz se le bajaron los humos de inmediato.

Solo se rió con nerviosismo.

—Ay, pues con lo guapa que está, la tentación me ganó... Además, ni que le hubiera hecho la gran cosa. Solo le agarré tantito la pierna, no se le va a caer a pedazos.

Ese comentario tan sínico hizo hervir la sangre de los pasajeros. Al escucharlo, Amanda soltó una carcajada cargada de ironía.

—Quisiera saber si dirías la misma estupidez si un pinche degenerado le agarrara la pierna a tu madre, a tu esposa o a tu hija.

El viejo abrió los ojos de par en par, encabronado a más no poder.

Capítulo 267 1

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