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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 269

La cara de Román lo dijo todo: no esperaba en lo absoluto toparse con Amanda en los pasillos del hospital.

Inmediatamente frunció el ceño y el rubor le cubrió el rostro delatando su mortificación. Apartó la mirada y jaló a Camila de la mano para huir del encuentro lo más rápido posible.

Amanda tampoco lo detuvo, no tenía caso hacerlo pasar más corajes ni incomodidades.

Román apresuró sus pasos. Cuando por fin dejaron a Amanda atrás, Camila alzó la voz, curiosa:

—Oye, Román, ¿qué pasa? ¿Estás enojado? ¿Cami la regó otra vez?

Él bajó la velocidad y observó a la chica que iba a su lado, dueña de una inocencia a veces desesperante. Tragó saliva reprimiendo el comentario hiriente que tenía en la punta de la lengua, dio un suspiro y le acarició el cabello de manera más amable.

—No estoy enojado, vámonos. Ya es hora de tu consulta.

Camila asintió alegremente.

—¡Sipi!

Román la esperó pacientemente todo el rato de la revisión. Tras terminar el tacto, el ginecólogo se quitó el guante de látex.

—Su cicatrización va muy bien. Pero miren... aunque los chavos traigan toda la calentura encima, tienen que aprender a medir su fuerza. Sobretodo considerando que fue la primera vez de tu muchacha. A este ritmo la vas a deshacer. En todos mis años trabajando, rara vez veo un desgarro así de severo tras una intimidad regular.

Camila, por supuesto, no captaba ni una palabra de lo explícito de la conversación. Sin embargo, al salir del área de chequeo abotonándose la blusa, vio a Román.

Estaba más rojo que una cereza.

La chica se paró frente a él y ladeó la cabeza.

—Román, ¡tus cachetes están todos rojos! Qué lindo te ves así.

El médico levantó la vista para observar a Camila y soltó un largo suspiro.

La verdad, desde la cita pasada se dio cuenta de que a la chamaca le faltaban varios patos en la fila. Lo más seguro es que este animalote, viendo que la muchachita era de mente simple, no había dudado en meterse con ella, lastimándola por bruto.

El médico fulminó a Román con la mirada.

—Compórtate y trátala con respeto.

Román, tragándose su propia saliva, soltó un murmullo apenas ahogado dando a entender que lo comprendía, agarró a Camila del antebrazo y salieron como si se les quemaran las suelas de los zapatos.

De puro pinche enojo andaba caminando que parecía alma que lleva el diablo. A la pobre Camila le costaba muchísimo seguirle el paso y venía tratando de alcanzarlo.

—Román... ¡Espérame tantito, porfis! ¡Me canso!

A Román le daban vueltas en la cabeza las palabras del doctor y, sobre todo, ese maldito gesto de repulsión. Si de por sí el especialista se asqueó, él se daba diez mil veces más asco a sí mismo.

Capítulo 269 1

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