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Cinco años sin amor: El día que decidí ser yo misma romance Capítulo 13

Martín pensó que Camila ya había tomado de más y, preocupado, le dijo:

—Mejor deja que te lleve a casa, en este estado...

No alcanzó a terminar la frase cuando un carro negro se detuvo frente a ellos.

La ventanilla trasera bajó de inmediato, dejando ver el rostro sombrío de un hombre.

—Súbete —le ordenó Leandro con un tono cortante, mirando directamente a Camila.

—Señor Ortiz —saludó Martín, reconociéndolo al instante y tratando de sonar cordial.

Leandro, en cambio, ni siquiera fingió amabilidad. Con voz seca soltó:

—Darío aún está adentro.

—No vine a buscarlo —contestó Martín, sonriendo con elegancia. Él también sabía de la relación entre Leandro y Camila, así que preguntó de forma intencional—: ¿Vino por la señorita Guevara?

Precisamente porque conocía la situación entre ambos, ese “señorita Guevara” sonó especialmente provocador para Leandro.

Al ver que Camila no se subía, Leandro la llamó de manera deliberada:

—Señora Ortiz, vámonos a casa.

Camila ya se había mudado de esa casa, sin intención alguna de regresar.

Pero, al fin y al cabo, seguían casados. No podía armar un escándalo delante de los demás.

—Señor Ferrer, nos vemos —se despidió Camila de Martín antes de subir al carro.

Martín le devolvió un leve asentimiento. En cuanto Camila se acomodó, Leandro subió la ventanilla de inmediato. Manoel, su asistente, pisó el acelerador y el carro se alejó.

...

El silencio se hizo denso dentro del vehículo. Al rato, Leandro, con el gesto endurecido, habló con voz sombría:

—Ahora entiendo por qué tienes tanta prisa en renunciar. Ya encontraste quién te reciba.

La escena de hace un rato, Camila y Martín abrazados y conversando con tanta confianza, no había pasado desapercibida para Leandro.

Antes, en el trabajo, ya había notado que tenían cierta cercanía, pero fuera de la oficina, él no estaba al tanto de sus encuentros.

Camila no captó de inmediato a qué se refería, pero sobre encontrar trabajo, ella no tenía ningún plan al respecto.

—No estoy pensando en buscar trabajo en ningún lado —respondió, sincera.

—¿Y si yo quiero, tú vas a concedérmelo así de fácil?

Llevaban cinco años casados, y quien no quería hijos era él. ¿Ahora de repente le había cambiado el chip?

¿Será que ya no podía tener hijos o que Valentina no podía darle alguno?

Leandro abrió la boca, pero al final no dijo nada, como si no valiera la pena seguir discutiendo.

Camila tampoco quería perder más tiempo.

—Hazme el favor y aparta una hora mañana en la mañana. Vamos a la oficina del registro civil.

Leandro recordó el escándalo de la noche anterior y, al ver que ella volvía a sacar el tema, la rabia le subió de golpe.

—¿Ahora con qué berrinche sales?

—Lo que te dije anoche sigue en pie. Quiero el divorcio cuanto antes —Camila habló sin titubear, con una firmeza inquebrantable.

—¿Y tú qué derecho tienes a exigirme el divorcio? —Leandro le gritó, perdiendo la compostura.

—Da igual si lo pides tú o yo —Camila no quería perderse en detalles insignificantes, sabiendo que para él las apariencias eran lo más importante—. Si alguien pregunta, puedes decir que soy yo la que no puede tener hijos, que no pude darle herederos a la familia Ortiz.

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