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CÓMO DOMAR A UN ALFA: LA LOBA CURVY SE CONVIERTE EN LUNA romance Capítulo 6

El curandero acudió a la alcoba cuando recibió el llamado y encontró a Alchester inclinado hacia adelante sobre el borde de la cama, con una mano aferrada al lado izquierdo del pecho.

—Me duele... me duele demasiado... —manifestó.

El curandero terminó de revisarlo y frunció el ceño, confundido.

—No encuentro ninguna lesión ni indicios de enfermedad. Dígame, Alfa... ¿ha sufrido alguna caída? ¿Recibió un golpe durante su entrenamiento?

—No... nada de eso.

—Entonces deduzco que el origen de este dolor no es precisamente físico.

Alchester bajó la mirada. Sin saber por qué, su mente viajó hacia Galilea. Cuando pensó en ella, sintió que el corazón se comprimía hasta el límite, amenazando con romperse en mil pedazos.

Comenzaron a aparecer imágenes confusas en su mente. Eran escenas borrosas, pero veía a Galilea junto a otro hombre.

Intentó expulsar aquellas imágenes de su mente, convencido de que eran producto del agotamiento. Sin embargo, cuanto más luchaba por ignorarlas, con mayor intensidad regresaban.

De pronto levantó la vista hacia el curandero.

—Lárgate. Sal de aquí —después dirigió una mirada fría hacia Tania—. Tú también. ¡Déjenme solo los dos!

Ambos intercambiaron una mirada de incomodidad, pero finalmente salieron de la habitación.

Cuando se quedó solo, Alchester dejó escapar una respiración temblorosa.

Ya no podía seguir engañándose. Comprendía que aquel sufrimiento tenía un único origen.

Galilea.

Muy lejos de Caerleon, en el Clan Áurea, Galilea continuaba su apareamiento con Volkan. Aquella noche no había terminado después de un solo encuentro. El Alfa la había tomado una y otra vez.

Finalmente, cuando estaba cerca de amanecer, Volkan llevó la mirada hacia Galilea.

—Puedes irte —manifestó él.

No tenía intención de retenerla ni de dormir abrazado a ella. Para él, aquella noche había terminado.

Galilea se envolvió en una gruesa manta, sujetándola alrededor de su cuerpo para cubrir la desnudez que había quedado expuesta después de que Volkan desgarrara su vestido.

Caminó hacia la salida y abrió la puerta, encontrándose con Ágata quien apoyaba la espalda contra la pared.

—Vaya... Por fin saliste —se incorporó.

Galilea parpadeó varias veces. ¿Estuvo allí casi toda la noche, esperando a que terminara?

—S-señora, y-yo...

—Señora Luna, para ti.

6- ¿UNA CRIMINAL? 1

6- ¿UNA CRIMINAL? 2

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