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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 556

Celia se apoyó en la pared del pasillo esperando a Enzo. Al recordar el estado de su madre, una profunda sensación de impotencia brotó en su interior. Aunque era el tipo más común de Alzheimer, cuando golpeaba a un ser querido, ese dolor lento y desgarrador era algo que nadie más podía comprender de verdad.

Enzo salió de la habitación y se acercó a Celia, que se veía desanimada.

—No te preocupes. Es imposible que ella te olvide para siempre.

Hizo una pausa de unos segundos antes de continuar con firmeza:

—Lo del ensayo clínico también es por tu mamá. Así que, hagas lo que hagas, no me opondré.

El consuelo y el ánimo de Enzo le devolvieron a Celia algo de fuerza. Levantó la mirada, con los ojos ligeramente enrojecidos, pero conteniendo las lágrimas, y su voz salió un poco ronca.

—Gracias, papá.

Él sonrió, extendiendo la mano para darle unas palmaditas suaves en el hombro.

—Bueno, haz lo que tengas que hacer. Te apoyaré en todo.

***

Dentro del instituto de investigación.

—Lía, gracias por llevar estos documentos al departamento —dijo un colega.

Lía sostuvo una pila de papeles contra su pecho y le sonrió.

—¡No hay problema! Total, si no hago nada, me aburro. No se me dan bien los experimentos, pero pueden encargarme cualquier trabajo administrativo.

Apenas Lía se fue, otros dos colegas se acercaron al joven con expresión chismosa.

—Oye, esa muchacha rica y guapa de tu departamento es muy considerada, ¿eh? Y tiene buen carácter. ¿Cuándo nos la presentas?

—Mejor no… tiene muchos contactos —respondió el joven, intentando eludir la pregunta con timidez.

—¿Y qué si tiene contactos? Solo queremos invitarla a tomar algo, ¿acaso crees que nos la vamos a comer?

Ambos comenzaron a bromear al respecto, hasta que una sombra se proyectó sobre ellos.

—¿Están en horario laboral y ya hablan de beber?

Nicolás apareció de repente detrás de ellos, sobresaltándolos. Los tres se volvieron sumisos de inmediato.

—Señor… señor Gómez.

Nicolás miró al joven que se mantenía en su lugar.

—¿No piensas volver a tu puesto?

—Ah, sí. —El joven respondió aturdido y no se atrevió a quedarse ni un segundo más.

—¿Una cita? ¿Tú… y Celia?

—¿Si no, con quién?

—¿Ya hicieron las paces?

—Estamos en proceso. —César arrugó el entrecejo ligeramente—. Date prisa. Si tu planificación no es buena, olvídate de pedirme dinero en el futuro.

César colgó. Poco después, le transfirió sesenta y seis mil a su cuenta. Al ver la cantidad en la pantalla, Lía no pudo contener una amplia sonrisa. Feliz, terminó de repartir los documentos y se puso a investigar ideas para citas románticas.

***

Por otro lado, Enzo utilizó sus contactos para llevar a Nieve al hospital y realizarle una punción lumbar. Originalmente, el médico jefe no se atrevía a realizar el procedimiento a la ligera, pero al enterarse de que Celia pertenecía al Instituto de Investigación en Tecnología de la Información Médica y contaba con la certificación necesaria, accedió a tomar la muestra bajo su supervisión.

Celia obtuvo la muestra, pero no se fue. Fue a la habitación a ver el estado de Nieve. Afortunadamente, todo había salido bien. Enzo la acompañaba junto a la cama.

—Celia, ve tranquila al laboratorio. Yo me quedo aquí.

Ella bajó la mirada y asintió con la cabeza.

—Si mamá despierta, avísame de inmediato.

—Claro que sí.

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