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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 654

Rocío apartó la mirada con disimulo y observó a Celia mientras se acercaba. El desprecio que sentía por ella seguía intacto. En su mente, ella era la raíz de todas sus desgracias. Si no fuera por Celia, su abuela no habría tenido prejuicios, César no la habría enviado al extranjero y ella y sus padres no habrían acabado en esta situación.

Al ver el altar con la imagen de Valeria, Celia tomó aire profundamente, luchando por contener sus emociones. Se detuvo frente a Víctor y, con voz ronca, lo llamó:

—Papá.

Antes de que Víctor pudiera reaccionar, la madre de Lía, Sandra Morales, la examinó de arriba a abajo con suspicacia.

—¿Y ella…?

—¡Es ella! ¡La nuera de mi cuñada! —exclamó de repente Macarena, alzando la voz más de lo necesario—. El año pasado quiso divorciarse de César, pero hizo que él casi perdiera la vida por su culpa. Y, por si fuera poco, el día del accidente, mi suegra y Marta iban precisamente al aeropuerto para verla en Ficus.

Al oír las palabras de Macarena, los presentes comenzaron a cuchichear. En especial los empleados que llevaban poco tiempo trabajando allí. No conocían a Celia en persona, pero su nombre era leyenda: era la mujer por la que el heredero de los Herrera había desafiado a su familia.

—¿Así que esa es la mujer por la que el señor César se fue de casa durante seis meses?

—No me parece gran cosa. ¿Por qué la querrá tanto?

Celia escuchaba cada palabra. Había comentarios despectivos, otros llenos de sorpresa y algunos de simple curiosidad. Sabía perfectamente que Macarena intentaba humillarla y predisponer a los Morales en su contra. Efectivamente, los padres de Marta la miraron con caras que reflejaban una severa gravedad.

Lía, con los dedos entrelazados, dudaba si intervenir. Justo cuando iba a dar un paso al frente, una voz ronca resonó a sus espaldas.

—Tía Macarena, ¿por qué insiste en culpar a una extraña? Nosotros ya estamos divorciados.

Celia se giró de golpe. César, envuelto en un abrigo negro que todavía emanaba el frío del exterior, acababa de entrar. Llevaba varios días sin afeitarse y la sombra del vello le endurecía los rasgos, dándole un aspecto gélido e inaccesible.

Macarena, desconcertada por su mirada glacial, forzó una sonrisa.

—Es que me dijeron que se habían comprometido en Ficus.

—Usted no estuvo allí y, sin embargo, parece estar muy bien informada de todo —respondió César con una sonrisa irónica.

Macarena guardó silencio, torciendo el gesto. César avanzó con paso firme hacia Celia, y el eco de sus zapatos sobre el mármol rompió el silencio de la sala. Al llegar frente a ella, se detuvo en seco.

—Salgamos a hablar.

Capítulo 654 1

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