—¡No es así! ¡Yo no…!
Rocío negó con la cabeza, presa del pánico, mientras palidecía todavía más.
—Rocío, pregúntate a ti misma: si no hubieras llegado a este punto, ¿me pedirías perdón?
Ella quedó callada con los labios temblándole. Las lágrimas caían una tras otra sobre sus manos, manchándolas.
Las palabras de César eran como un cuchillo que atravesaba el miedo más profundo que ella guardaba en su interior. Era cierto que tenía miedo: miedo de enfrentar las consecuencias legales, a quedarse sola, sin nadie a quien aferrarse, sin excusas para salvarse. Todo su llanto y sus quejas con César no eran más que un intento desesperado por conseguir algo de compasión para encontrar una salida.
—Rocío, en el pasado fui sincero contigo, a pesar de que eras hija de Macarena. Eres consentida y caprichosa, pero mientras no cruzaras mis límites, podía hacer la vista gorda.
—¡Pero por culpa de Celia me enviaste al extranjero! —Rocío, por fin, le gritó todo el resentimiento que llevaba dentro—. Si no me hubieras mandado fuera, ¡no habría creído las mentiras de mi madre! Ella decía que la abuela no me quería y que tú me despreciabas…
Por un instante, la mirada de César se ensombreció y luego su expresión se volvió impasible.
—Parece que no tenemos nada más de qué hablar. Cuídate.
Se levantó de la silla para irse, pero Rocío lo detuvo de inmediato.
—¿No quieres saber a quién llamó mi madre justo antes de morir?
Él se detuvo. Ella se levantó también, con urgencia, iba a proponer sus peticiones.
—Si estás dispuesto a ayudarme con mi caso…
—Dejaré que la ley decida tu destino. No puedo ayudarte.
Dicho esto, se retiró sin mirar atrás. Rocío quedó petrificada en su sitio y, cuando reaccionó, comenzó a golpear la ventana de la sala con desesperación.
—¡César! ¡No puedes hacerme esto! ¡No puedes!
La oficial que la custodiaba entró de inmediato para contenerla, pero terminaron sacándola a la fuerza del lugar.
—Padre, ¿fue al hospital? —preguntó, mirándolo.
Víctor se sirvió un vaso de agua y se acercó a la chimenea para calentarse.
—Sí. Tenía que informarle lo de tu tía y Rocío.
—Quería provocarlo, ¿verdad? —dijo César, sentándose en el sillón.
Víctor soltó una risita.
—Tu tío no aprendió la lección. Solo quería asegurarme de que perdiera toda esperanza. —Se sentó en el sofá, dejó el vaso sobre la mesa y su tono se volvió más sombrío—. En otros años, tu abuela y tu madre siempre estaban ocupadas con los preparativos de la fiesta. Este año, solo quedamos nosotros dos…
César guardó silencio un momento, luego se levantó lentamente.
—¿Nosotros dos? Usted se quedará solo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
Se nota que es una novela oriental que sinceramente es demasiado machista, la mujer queda como una verdadera esclava medio liberada pero que se arrastra por los protagonistas masculinos, la mala demasiado perversa psicópata sociopata terrible, así siempre son los argumentos de novelas de oriente...
Asco de novela. La protagonista según es doctora y no sabe autodiagnosticarse su síndrome de Estocolmo. Parece que un abusador escribió esta novela....
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
Habrá más capítulos? Gracias...
Es el final o continua???...
Nunca en mi vida de lector, habia leido una novela taaaaaaaaaaaaaan LARGA!!!...
Xq tiene final me kede con pena de saber si se casaron el nacimiento del niño 💔...
Me ha gustado esta novela, pero siento que se está extendiendo demasiado, muchos problemas y no se resuelve ninguno. Ojalá no la alarguen más, y todo no se vaya a resolver en el último capítulo, como siempre....
Hay un corte del trama en el capitulo 496 a la 497, porque no sigue la secuencia, de hecho en el libro original hay discrepancias con lo que tiene desde el capitulo 494...