Cuando Tristán regresó a casa, durante la cena no paró de insistir a su padre para que lo defendiera, y no olvidó mostrarle la hinchazón de su cara.
—¡Mire cómo me han dejado! ¡Si no llego a tener suerte, me matan! Papá, ¡tiene que ayudarme!
Rodrigo dejó la copa con fuerza sobre la mesa.
—¿No puedes darnos un poco de paz a tu hermano y a mí? ¡Estás en Montelva, no en nuestro país! ¿No tienes miedo de que un día te peguen un tiro?
Conocía bien a su hijo menor. Seguro que se había metido en algún lío y ahora pagaba las consecuencias. Tristán, al ver que su padre no lo apoyaba, mostró su descontento. Dejó los cubiertos y perdió el apetito.
—Yo también soy su hijo. ¡Estoy herido! Y usted no me ayuda, solo me regaña. ¡Ese tipo sabía quién soy y aun así me pegó! ¡Eso es una falta de respeto hacia usted!
—¡Basta! —dijo Rodrigo, limpiándose la boca con la servilleta—. Investigaré sus antecedentes. Mientras tanto, no me causes más problemas.
Luego de hablar, se levantó y se fue.
El mayordomo recogió la mesa. Tristán se tocó la mejilla hinchada, con una expresión de odio en los ojos.
***
Al día siguiente, Soren fue a visitar a Celia y Ben formalmente. Al ver la puerta nueva, no pudo evitar hacer un comentario medio en broma:
—Esa puerta parece muy cara. Es la primera vez que veo a un inquilino pagar por las reparaciones de la casa de su casera.
Ben ni siquiera levantó la cabeza. Siguió mirando su tablet. Celia trajo una bandeja de frutas de la cocina. Soren cogió una.
—Gracias.
Antes de que Celia pudiera reaccionar, Ben dijo:
—Si quieres fruta, córtala tú mismo. ¿No te da vergüenza quitarle la comida a una embarazada?
Soren quedó aturdido por un instante y miró a Celia. Llevaba una sudadera holgada, así que no se notaba su vientre.
Cuando Soren se fue, Celia se sentó junto a Ben.
—¿De verdad vas a contratar guardaespaldas para mí?
—Es para protegerte.
—Lo sé —dijo Celia, bajando la mirada—. Tienes miedo de que ese tipo vuelva a causar problemas, o que me espere en la calle para vengarse. Pero no me gusta ir con un montón de guardaespaldas desconocidos. No me siento cómoda.
Ben la miró.
—¿Y qué quieres? ¿Quieres que contrate a alguien que conozcas? Pero no conozco a nadie aquí.
—Lo sé, pero conozco a alguien —dijo Celia, dando una palmada—. Es muy bueno, de confianza. En la capital me ayudó muchísimo.
—En resumen, quieres a un empleado de César, no a uno de los míos —dijo Ben, fingiendo decepción.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
y el final para cuando?...
Que historia más laaaaaarga que hasta autora confundía los nombres de los protagonistas mientras la escribía 😄😄😄😄...
Se nota que es una novela oriental que sinceramente es demasiado machista, la mujer queda como una verdadera esclava medio liberada pero que se arrastra por los protagonistas masculinos, la mala demasiado perversa psicópata sociopata terrible, así siempre son los argumentos de novelas de oriente...
Asco de novela. La protagonista según es doctora y no sabe autodiagnosticarse su síndrome de Estocolmo. Parece que un abusador escribió esta novela....
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
Habrá más capítulos? Gracias...
Es el final o continua???...
Nunca en mi vida de lector, habia leido una novela taaaaaaaaaaaaaan LARGA!!!...
Xq tiene final me kede con pena de saber si se casaron el nacimiento del niño 💔...