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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 770

Salma y Ben salieron de la galería. Cuando cruzaron la puerta, el celular de él vibró con un mensaje.

—¿Y tu amigo? —preguntó Salma, mirando a su alrededor.

—Tenía algo que hacer y ya se fue —respondió Ben, guardando su celular. Luego se volvió hacia ella—. ¿Adónde vas?

—A la residencia estudiantil.

—Te llevo.

Salma quedó desconcertada. Antes de que pudiera decir algo más, Ben ya había abierto la puerta del copiloto.

—Bueno… De acuerdo —dijo ella, sonriendo con timidez, y subió al auto.

Cuando él se sentó al volante, ella lo miró con sorpresa.

—¿Tienes licencia internacional de conducción?

Él y Celia no llevaban mucho tiempo allí. ¿Cuándo tuvo tiempo de sacarla?

—Viví en el extranjero antes —respondió él con calma.

—Ah, ya veo. Pensaba que era la primera vez que salías del país. Celia me dijo que son de Ficus. ¿Es bonito allá?

—Sí, no está mal —dijo él.

Se refería a la economía de la región. Salma bajó la mirada y luego la dirigió hacia la ventanilla.

—Yo soy de Rivale. Mis padres viven allá. Celia me dijo que había vivido un tiempo en Rivale y me sorprendió. Hace mucho que no voy, no sé cómo estará.

—¿Has pensado en regresar? —preguntó Ben.

Ella volvió la cabeza hacia él.

—Sí, pero aún no he terminado mis estudios. Mis padres hicieron un gran esfuerzo para que pudiera estudiar arte aquí, pero no he conseguido lo que quería. Me da miedo volver y defraudarlos.

Ben mantuvo la mirada fija en la carretera, escuchando con atención. Cuando habló, no se limitó a darle una respuesta superficial:

—Tu canal de transmisiones en vivo no es una oportunidad diferente a las demás.

Ella se sorprendió.

—¿Lo viste?

***

Unos días después, Tristán volvió a esperarla a la salida de su residencia. En cuanto lo vio, Salma dio media vuelta para irse, pero él la alcanzó y la agarró del brazo.

—¿Qué te pasa? ¿Me rechazaste durante dos años para irte con un hombre casado?

Ella se soltó con fuerza de su agarre.

—¿Qué dices? ¿Qué hombre casado?

—No creas que no lo sé. Le alquilaste tu casa a una pareja y te fijaste en él. ¿Prefieres a un hombre casado antes que a mí?

Salma, temblando de rabia, le dio una cachetada. Tristán, atónito, se llevó la mano a la mejilla.

—¿Qué demonios…?

—Si no sabes nada, ¡cierra la boca! —dijo ella, con voz cortante—. Es mi casa y se la alquilo a quien yo quiera. No tienes nada que ver con esto. Además, no tengo ninguna relación contigo. Haga lo que haga, ¡no tienes derecho a juzgarme!

Salma nunca antes se había enfadado así.

Mientras ella se alejaba, Tristán sintió la mirada curiosa de los transeúntes. La ira le hervía por dentro. Llevaba dos años persiguiéndola; si no podía tenerla, ¡no sería la mujer de nadie más! Pensando así, abrió la cajuela, tomó un palo de golf y corrió tras ella.

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