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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 781

Ben y Salma estaban en el supermercado comprando ingredientes para la cena. Ben empujaba el carrito, mientras Salma elegía las verduras. Quería comprar algo de brócoli, zanahorias y pepinos.

—¿Te gustan las verduras? —preguntó, volviéndose hacia él.

—Sí, todas menos la cebolla —respondió él, mirándola fijamente.

—¿No te gusta la cebolla? —Salma se sorprendió. Tomó una cebolla y se la acercó a la cara con una sonrisa de diversión—. ¡Pero si es riquísima!

Ben no se apartó ni parpadeó. Siguió observándola con atención. Incómoda por la intensidad de su mirada, Salma retiró su mano despacio.

—Bueno, era una broma…

—No me gusta comerla, pero no me molesta tocarla —dijo él con un tono sereno.

—Ah, ya veo —murmuró ella, llevándose una mano al cuello.

Por estar distraída, tropezó con una rueda del carrito y perdió el equilibrio. Antes de que se fuera contra el suelo, Ben la sujetó por la cintura. Por el impulso, Salma terminó chocando contra su pecho.

Ella levantó la cabeza y lo miró, sorprendida. Nunca lo había tenido tan cerca, pero sabía perfectamente que era un hombre atractivo. Cuando conocía a una persona, ella no solía fijarse en las apariencias. Aun así, después de haber conversado varias veces con Ben, descubrió que tanto por su trato como por su educación, era la primera persona que no le resultaba para nada desagradable.

Al darse cuenta de que se le había quedado viendo demasiado tiempo, Salma desvió la mirada a toda prisa. Mirándola, Ben tragó saliva. No la soltó de inmediato. La ayudó a incorporarse y, casi por instinto, sus dedos le rozaron apenas el cabello.

—Cuidado —dijo él en voz baja.

—Gracias —respondió ella apresuradamente, sintiendo que la cara le ardía. Tomó un manojo de verduras al azar y lo arrojó dentro del carrito para disimular sus nervios.

"Qué sensación tan extraña", pensó ella, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.

***

Por la noche, los cuatro cenaron en el comedor.

—No soy una gran cocinera, pero espero que les guste —comentó Salma, mirando cómo probaban la comida con cierta timidez.

—Todo está muy rico, en su punto —respondió Celia, y le dio un ligero codazo a César—. ¿A que sí?

Él asintió suavemente con la cabeza mientras emitía un sonido de aprobación.

—¿Ya dejaron de pelear? —preguntó Ben, mirándolos con una sonrisa.

Celia, por un segundo, no supo qué decir y murmuró, quejándose:

—Ya lo solucionamos.

—Parece que hablaron bastante mientras no estábamos —apuntó Ben.

Capítulo 781 1

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