Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 802

Lía se petrificó. Alexander la hizo reaccionar de golpe. De hecho, no estaba tan borracha. Solo quería buscar un pretexto perfecto para ver a Nicolás, pero nadie parecía entender su desesperación.

—No entiendes nada —murmuró ella, girándose hacia Alexander para recuperar el bolso y el celular—. Muchas gracias por haberme acompañado estos días.

—Pero…

—No estoy borracha. Puedo regresar a mi casa sola —dijo mientras se limpiaba los restos de maquillaje de la cara con una toallita húmeda, para luego subirse a un taxi que pasaba por ahí.

Alexander la vio alejarse en la noche y apretó los puños con evidente impotencia.

***

Lía no sabía a qué hora llegó a su departamento. En cuanto entró, corrió directo al baño a vomitar todo el alcohol que tenía en el estómago. Al levantarse y mirarse en el espejo, vio su maquillaje corrido y su cara demacrada por las noches en vela. Mientras tanto, las duras palabras de Nicolás resonaron con fuerza en su mente:

"¿Acaso no tienes otra cosa en la cabeza que no sean asuntos de amor?"

"Deberías empezar a valorarte un poco más a ti misma".

"Por más que me preguntes una y otra vez, mi respuesta siempre va a ser un no".

Ya llevaba mucho tiempo instalada en Rivale. Nicolás la había rechazado en innumerables ocasiones. Por más que saliera a tomar o fingiera borracheras desastrosas, él jamás se había tomado la molestia de preocuparse por ella. Tal como lo que le había dicho a Alexander, a Nicolás no le importaba.

A Lía le dieron unas ganas inmensas de ponerse a llorar. Quería intentar una última vez… Si esta vez tampoco daba resultado…

De pronto, un dolor punzante le oprimió el pecho, acompañado de un mareo severo. Tuvo que apoyarse con ambas manos en el lavabo, sintiendo que le faltaba el aire para respirar. ¿Acaso se iba a morir ahí sola?

“No, ¡no puedo morir de esa forma tan absurda!”, pensó ella.

Se resbaló lentamente hasta quedar sentada en el piso y, con las manos temblorosas, marcó al número de emergencias para pedir una ambulancia.

En el hospital, la enfermera de turno revisó detenidamente los resultados de sus estudios.

—¿Has estado tomando alcohol en exceso y desvelándote muy seguido?

—Sí —admitió Lía con debilidad—. ¿Me voy a morir? ¿Es un infarto? Aún soy muy joven…

La enfermera le explicó con paciencia:

César dejó su propio celular a un lado con calma.

—Bueno, al menos tuvo la sensatez de ir al hospital. Sabe cómo cuidarse sola.

—¿De verdad no te preocupa en lo más mínimo? —preguntó Celia, mirándolo.

—Da un recorrido por sus publicaciones anteriores y vas a entender todo —respondió él mientras cortaba un huevo cocido.

Con desconfianza, Celia revisó el perfil de Lía. Llevaba casi dos semanas subiendo fotos de copas y salidas nocturnas. ¿Acaso el destinario de todos esos mensajes indirectos era Nicolás? Instantes después, Lía le confirmó sus sospechas en un mensaje. Celia le escribió de inmediato:

"¡Eres una irresponsable!"

Lía estaba comiendo una manzana en la cama. Al ver la respuesta, le respondió:

"Te prometo que esta es la última vez que lo intento".

En ese preciso momento, la puerta de la habitación del hospital se abrió despacio. Ella intentó esconder la manzana que estaba comiendo tras las cobijas. Sin embargo, la persona que cruzó la puerta cargando un ramo de flores fue Alexander. Al verlo, la chispita de esperanza que brillaba en los ojos de Lía se apagó.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró