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Cuando su celo llegó, mi vestido ya era de otro romance Capítulo 9

Al otro lado de la línea, Matín Rossi le confirmó que podía ir y le pidió que lo agregara a sus contactos para enviarle las escenas de la audición.

—Perfecto, muchísimas gracias.

Al colgar el teléfono, Priscilla soltó un largo suspiro.

Una ráfaga de viento frío la hizo estornudar, pero de inmediato sintió un peso cálido sobre sus hombros. Alguien le había puesto un abrigo encima.

Una voz grave y burlona sonó a su lado.

—Te dije que te quedaras en casa, pero no puedes estar tranquila, vienes al set a pasar corajes y aguantar frío.

Priscilla apenas iba a levantar la cabeza cuando el hombre la tomó por la barbilla y le mordió ligeramente el labio. Fue una caricia posesiva y rápida, tan fugaz que ni siquiera le dio tiempo de enojarse.

Dio un paso atrás, casi sin aliento. En solo una noche, el hombre que tenía enfrente le parecía un completo extraño.

Al menos ella jamás podría hacer algo así: darle un beso como si nada justo después de haber terminado la relación.

Tampoco sería capaz de hacer lo que él acababa de hacer: robarle su trabajo, pasearse por el set con otra mujer y luego plantarse frente a ella con esa actitud de superioridad, como si el mundo le perteneciera.

Pero no quería dejar las cosas a medias, así que le hizo la pregunta directamente:

—¿Fuiste tú quien me quitó el papel?

Lo miró a los ojos. Su expresión era serena, aunque los bordes de sus ojos seguían ligeramente enrojecidos.

—¿Te refieres a ese papelucho secundario que tenías? —Renzo observó su rostro ofendido y sonrió con burla—. Ese tipo de personajes sin importancia se cambian y ya, cualquier día te consigo un papel protagónico.

Su actitud era tan relajada y arrogante que quedaba claro que para él esto no significaba nada.

Incluso parecía creer que prometiéndole un protagónico falso ya le estaba haciendo un favor.

Los ojos de Priscilla se llenaron de lágrimas.

—Entonces de verdad fuiste tú —dijo, y su voz terminó rompiéndose.

Renzo se quedó callado un segundo y luego entrecerró los ojos.

—¿Te enojaste?

En su mente, Priscilla nunca le armaba escenas por cosas como esa. Total, solo le daban personajes insignificantes, nunca había llegado a ser la protagonista. No entendía por qué se sentía tan ofendida si acababa de prometerle algo mejor.

Levantó la mano para intentar abrazarla.

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