Entrar Via

Cuando su celo llegó, mi vestido ya era de otro romance Capítulo 5

Renzo le volvió a tomar la barbilla para examinar su rostro. Al notar que estaba pálida, le preguntó:

—¿No tenías que grabar hoy? ¿Quién te hizo enojar ahora? Tienes muy mala cara.

Priscilla apartó su mano. Entre las luces intermitentes del club, no entendía cómo él podía darse cuenta de esas cosas.

—Ya me voy. —El ruido y el ambiente la estaban mareando.

—Te llevo a casa. —Renzo se inclinó hacia ella, su figura imponente destacaba incluso en medio de aquella multitud.

Justo cuando iban a salir, una voz a su lado lo llamó.

—¡Renzo!

La chica alargó la última sílaba con un tono juguetón.

Priscilla levantó la vista. Era la misma mujer delicada y hermosa de las fotos, de piel radiante y translúcida, con las mejillas ligeramente sonrosadas por la emoción. Actuó como si Priscilla no existiera, se acercó a Renzo y lo tomó del brazo:

—¡Renzo! Te estaba buscando. Hoy es mi cumpleaños, no pensarás escaparte en secreto a la mitad de la fiesta, ¿verdad?

La actitud de Renzo cambió de inmediato. Levantó ligeramente las cejas y su fría expresión se derritió por completo.

—No. ¿No íbamos a partir el pastel en un rato? Adelántate, voy en un momento.

El corazón de Priscilla se congeló. Era la primera vez que lo veía tratar a otra mujer con tanta dulzura, e incluso le daba prioridad a ella en sus palabras.

Renzo ni siquiera se molestó en darle una explicación a Priscilla. Llamó a su asistente, Tadeo.

—Hay mucho alboroto aquí. Llévala a casa.

No le preguntó su opinión, simplemente fue una orden que no admitía discusión.

El frío por la pérdida de sangre comenzó a recorrer el cuerpo de Priscilla. Ignoró a Tadeo, que la seguía de cerca, y caminó hasta la acera para esperar un taxi.

El viento gélido de la noche le golpeó el rostro. A un lado de la calle había enormes carteles publicitarios y, a lo lejos, una pantalla gigante mostraba los rostros de estrellas de primera y segunda categoría.

Llevaba años esforzándose en la industria del entretenimiento, sacrificando todo, y hasta el día de hoy apenas era una actriz del montón sin ninguna oportunidad de destacar. Renzo siempre se opuso a que ella actuara, así que jamás iba a mover un dedo para ayudarla.

Y el mundo del espectáculo era el lugar más superficial y cruel; adular a los poderosos y pisotear a los débiles era el pan de cada día. Sin fama, sin contactos y sin dinero que la respaldara, no tenía valor ni dignidad.

Capítulo 5 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando su celo llegó, mi vestido ya era de otro