Olivia logró ponerse de pie con muchísima dificultad mientras sujetaba sus gafas rotas entre las manos.
—Gracias… sin ellas no veo nada.
El hombre frente a ella la observó de arriba abajo.
—No deberías beber tanto.
Olivia soltó una pequeña risa torpe.
—No lo hago… pero mi hermana no me dejaría tranquila si no bebía.
De pronto Olivia llevó las manos a su boca.
— Dios… creo que voy a vomitar.
Se puso las gafas como pudo y salió corriendo entre la multitud tambaleándose.
Noah Lancaster la siguió con el ceño fruncido.
Cuando Olivia llegó al baño prácticamente se lanzó contra el primer inodoro que encontró. Vomitó hasta que no quedó nada en su estómago, ni siquiera fuerzas.
Le dolía la cabeza, el pecho, la garganta, todo giraba.
Se lavó la boca y la cara torpemente aún con las gafas puestas.
—Mierdaaa… maldita sea…
Intentó quitárselas, pero resbalaron de sus manos y cayeron al suelo rompiéndose nuevamente.
Olivia las miró desesperada.
—Vamos… ¿qué más puede salir mal?
Tomó las gafas partidas en dos intentando enfocar algo, cualquier cosa, pero todo seguía siendo una mezcla borrosa de luces y sombras.
Salió del baño tambaleándose.
El piso mojado la hizo perder el equilibrio de inmediato.
Pero unas manos grandes y cálidas la sostuvieron antes de caer.
Otra vez él.
—Oye… ¿de verdad estás bien?
Olivia intentó enfocarlo pero sin sus gafas era muy difícil a eso sumándole que estaba borracha, hacía que fuera imposible poder ver su rostro.
Solo veía una silueta alta y oscura frente a ella.
—No, señor… no veo nada sin mis gafas y se me rompieron.
Noah sintió una pequeña punzada de lástima al verla tan indefensa.
—Vamos. Te llevaré a casa.
Olivia sonrió borracha.
—Mmm… está bien. Usted huele tan bien… y está tan altooo… su voz también es muy hermosa.
Por primera vez en su vida, Olivia Hale estaba coqueteando con alguien.
Y eso provocó una pequeña sonrisa en los labios de Noah Lancaster.
—Trabajas en una pastelería, ¿cierto?
Olivia abrió mucho los ojos.
—¡Siiiii! ¿Cómo lo supo? Ah… seguro huelo a azúcar… o a crema. Si quieres puedes ponerme crema y sacarla con la lengua.
Las palabras salieron completamente enredadas.
Noah soltó una risa baja, la había reconocido apenas llegó al bar.
Después de todo lo que Lily contó aquella tarde, James, su mano derecha, investigó discretamente quién era aquella chica. Y desde entonces la fotografía de Olivia Hale no había salido de su cabeza.
La chica de las gafas enormes. La mujer que protegió a Lily.
La misma que ahora estaba completamente borracha frente a él.
Pensaba acercarse para agradecerle apropiadamente… hasta que vio el estado en el que estaba.
Y entendió de inmediato que cualquier hombre podría intentar aprovecharse de ella y él no iba a permitirlo.
—Ven —murmuró sujetándola contra su cuerpo—. Vamos a llevarte a casa.
La condujo por la puerta trasera del bar hasta su auto.
Apenas se sentó, Olivia lo miró fijamente desde muy cerca y pasó lentamente un dedo por su mejilla.
—Eres muy guapo… no puedo verte bien, pero se nota que eres guapo.
Noah tragó saliva.
—Gracias.
Las pupilas grises de Olivia estaban dilatadas por el alcohol. Su cabello caía desordenado sobre los hombros y sus labios húmedos parecían una invitación peligrosa.
—¿Cuánto tomaste?
Olivia levantó tres dedos.
—Tres cócteles… muy dulces.
Noah arqueó una ceja.
—¿Solo tres?
—Sí… no quería… de verdad no quería…
El pecho de Noah se tensó.
Cerró la puerta y rodeó el vehículo para sentarse detrás del volante.
—Bien. Dime dónde vives.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuidando a la Hija del CEO