La policía terminó llevándose al señor Hale mientras Olivia permanecía inmóvil en medio de la sala.
Todavía podía escuchar las súplicas desesperadas de su padre resonando en su cabeza.
“Hija, sálvame…”
Las luces de las patrullas desaparecieron finalmente de la entrada y el silencio cayó sobre la enorme mansión.
Un silencio frío, vacío.
Nilsa suspiró fastidiada mientras se acomodaba el cabello frente al espejo de la sala.
—Bueno… él es tu padre. Tendrás que hacerte cargo, Olivia.
La muchacha levantó lentamente la mirada.
—¿Qué…?
Nilsa la observó como si aquello fuera lo más lógico del mundo.
—Tu padre te ha dado todo desde que tenías diez años. Mínimo deberías ayudar a pagar las deudas.
—¿Perdón? A las que les dio todo es a ustedes, todo, absolutamente todo, sobre todo a Kyra que no es ni siquiera su hija.
Kyra soltó una carcajada desde las escaleras.
—¿En serio esperas que nosotras ayudemos? En tus sueños. Es tu padre, tú hazte cargo.
Olivia sintió que algo dentro de ella comenzaba a quebrarse.
—Pero ustedes…
—Además —continuó Kyra interrumpiéndola—, con esa apariencia yo creo que deberías olvidarte de buscar trabajo en alguna empresa importante. Y sobre todo olvidarte de estudiar.
Cada palabra era un cuchillo.
—Si no pagas las deudas, tu padre estará en prisión por años.
Nilsa cruzó los brazos.
—Eres una malagradecida.
Y por primera vez… el odio explotó dentro de Olivia.
Años de humillaciones.
Años de desprecio.
Años siendo invisible.
—Cállate… —susurró temblando.
Nilsa abrió los ojos.
—¿Qué dijiste?
—¡CÁLLATE!
Las dos quedaron en silencio. Olivia respiraba agitada.
—Toda la vida me han tratado como basura y ahora esperan que salve todo esto sola…
Kyra rodó los ojos.
—Drama otra vez.
Nilsa recuperó inmediatamente la compostura.
—Debes hacerte cargo. Nosotras nos iremos de viaje. No pienso dejar que lo que hizo tu padre arrastre mi vida ni la de mi hija.
Las palabras golpearon a Olivia con brutalidad.
—¿Qué…?
—Además pronto embargarán esta casa. Así que busca trabajo ahora mismo. Ese empleo en la pastelería no sirve para nada.
Kyra sonrió cruelmente.
—Yo te recomendaría como niñera. Y olvídate de casarte, Olivia. Necesitas dejar todo lo que ganes para pagar las deudas de tu padre. Eres su hija. Es tu obligación.
Nilsa tomó a Kyra del brazo.
—Vamos, cariño.
Y simplemente se fueron.
Como si nada hubiera pasado.
Dejando a Olivia completamente sola en medio de aquella enorme sala.
Esa misma noche Olivia comenzó a enviar currículums desesperadamente.
Empresas, tiendas, oficinas, guarderías, cualquier cosa.
Pero como decía Kyra… nadie parecía interesarse en ella.
Sus gafas gruesas. Sus dientes ligeramente torcidos. Su ropa sencilla.
Todo hacía que la rechazaran incluso antes de la entrevista.
La desesperación comenzó a crecer.
Poco a poco embargaron autos, propiedades, cuentas, mientras Kyra subía fotos de su viaje con su madre a las redes sociales.
Lo único que aún no podían quitarle era la mansión porque pertenecía originalmente a la familia de su madre.
Pero Olivia sabía que era cuestión de tiempo.
Mientras tanto, en Lancaster Group, las cosas tampoco iban bien.
Noah Lancaster llevaba días sin poder sacarse a Olivia de la cabeza.
Sus ojos grises, su voz temblorosa, la forma en que se aferró a él aquella noche.
Y eso lo irritaba profundamente, porque Noah jamás había sido un hombre distraído por mujeres, pero ahora necesitaba resolver algo mucho más importante.
Debía encontrar una esposa o perdería todo.
Lanzó oficialmente la búsqueda de una niñera para Lily, aunque en realidad estaba evaluando posibles candidatas para un matrimonio por contrato.
Cientos de currículums llegaron esa semana.
Y entre ellos… el de Olivia Hale.
Noah levantó lentamente la mirada del documento.
—James… ¿qué hace Olivia buscando trabajo como niñera? Se suponía que trabajaba en una pastelería y estudiaría, debería haberse matriculado esta semana.
El asistente frunció el ceño.
—Deme un segundo, señor.
James salió de la oficina y menos de una hora después regresó con expresión seria.
—Señor… el padre de Olivia fue arrestado por malversación de fondos y deudas de juego ilegal. Olivia quedó a cargo de todo. El dinero que tenía ahorrado para la universidad lo usó completamente en el abogado de su padre.
Noah guardó silencio.
Entonces miró nuevamente la fotografía de Olivia adjunta al currículum.
Aquellas gafas enormes seguían escondiendo gran parte de su rostro.
Pero él recordaba perfectamente cómo se veía sin ellas, la recordaba con sus mejillas sonrojadas y sus ojos vidriosos después del orgasmo, tan solo pensar en ella su cuerpo reaccionaba y su pantalón se hacía pequeño, recordaba claramente cómo sonaba su voz llamándolo “mi héroe”.
—Ya veo… está acorralada.
James asintió.
—¿Qué hacemos?
Noah dejó el currículum sobre el escritorio.
—Cítala para una entrevista, pero no aquí, hazlo en una cafetería.
Al día siguiente, Olivia llegó nerviosa a una elegante cafetería del centro.
Miraba constantemente la hora mientras sujetaba una carpeta contra el pecho.

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