Del uniforme escolar al vestido de novia, Liliana Salazar acompañó a Jaime Hidalgo en su emprendimiento hasta alcanzar el éxito; él juró que su amor sería eterno.
Tiempo después, en la escena del crimen, Jaime dijo: «Aitana es un talento clave para la empresa. Ve a la cárcel por ella; cuando regreses, todo seguirá igual entre nosotros».
Incluso su hijo de tres años lloró diciendo que ella era la asesina.
Su propia familia le dijo: «El proyecto de Aitana Leyva es vital para la supervivencia de los negocios de la familia Salazar. Paga su condena y te compensaremos cuando vuelvas».
Pero más tarde, ella salió de prisión, rompió lazos familiares, ganó una fortuna de miles de millones y la donó toda.
Su esposo, su hijo y su familia, ni hincándose pudieron lograr que ella volteara a verlos.
***
—Liliana, ya puedes salir.
La reja se abrió y la celadora gritó desde la entrada. Liliana la miró con desconcierto, aturdida por un momento antes de avanzar.
—¿Disculpe, aprobaron mi libertad condicional por motivos de salud? —preguntó.
Había solicitado el trámite muchas veces, pero no entendía por qué siempre se lo regresaban sin abrir.
—Si te dicen que salgas, sales. No hagas tantas preguntas —respondió la celadora.
Liliana no obtuvo respuesta. Recogió sus pocas cosas, tomó el celular que le habían guardado al ingresar y un collar de diamantes.
El diamante principal del dije tenía una mancha que parecía sangre impregnada en su interior.
Ese collar se lo había regalado la abuela el día del accidente; se manchó justo cuando la señora cayó por las escaleras y se abrió la cabeza.
El día de la tragedia, ella y Aitana habían discutido. Aitana forcejeó y accidentalmente empujó a la abuela, quien rodó escaleras abajo.
Alguien llamó a la policía, y a Liliana la empujaron a asumir la culpa tras «evaluar los pros y los contras».
En ese entonces, por puro orgullo y despecho, se fue con la policía, sin imaginar que le caerían tres años de sentencia.
Han pasado dos años. Al salir de la cárcel, siente que ha pasado una eternidad.
Afuera del penal había un carro sumamente común estacionado.
Al verla salir, el chofer bajó de inmediato.
—Señora, vengo a llevarla a casa.
—César, esto…
En los garajes de los Hidalgo y los Salazar sobraban los coches de lujo. ¿Por qué César conducía su carro particular?
—El patrón dijo que este carro es discreto. Los coches de la casa no son adecuados para venir a la prisión y cargarse de mala vibra.
¡Así que les daba asco la mala energía!
¿Pero gracias a quién había sufrido ella estos dos años de encierro?
Durante dos años nadie la visitó; supuso que sería por la misma razón.
En el camino, Liliana escuchó a César decir que las familias Salazar e Hidalgo movieron influencias para tramitar su salida médica anticipada. Por eso salía antes de tiempo.
Sus solicitudes reales, cuando estaba verdaderamente enferma, fueron bloqueadas sin razón.
Pero cuando ellos tramitaron una solicitud falsa, pasó sin problemas.
¡Un momento!
Si tenían ese poder, ¿por qué no la sacaron antes? ¿Por qué precisamente ahora?
La residencia Hidalgo.
Liliana miró la casa que guardaba en su memoria, con el pecho hecho un nudo de emociones.
Ese fue su hogar con Jaime, donde tuvieron a su hijo, Miguel Hidalgo.
Ocupada protegiendo el negocio de Jaime, no se cuidó bien durante el embarazo. Miguel nació enfermizo, y Liliana terminó convertida en una ama de casa de tiempo completo.

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