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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1107

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Sin importarle en lo más mínimo la mirada cargada de frustración de Frida, Tobías le dio la espalda y se dirigió directamente a la sección de vestidos de gala.

Comenzó desde el primer perchero, revisando uno por uno con meticulosidad. Sacaba cada prenda, examinaba la caída de la tela, el corte y la talla.

Estaba totalmente concentrado. Calculaba mentalmente si el color resaltaría la piel de Belén y si el diseño la haría sentir cómoda.

Después de revisar cinco o seis vestidos, meneó la cabeza y los descartó todos.

Mientras tanto, Frida seguía cada uno de sus movimientos desde lejos. Ver cómo un hombre tan imponente como Tobías se tomaba la molestia de elegir la ropa de su mujer con tanta devoción dejaba claro que su amor por Belén rozaba la adoración absoluta.

¿Por qué un hombre de esa categoría estaba tan loco por Belén Soler?

¿Qué clase de magia negra tenía esa mujer para tenerlo comiendo de la palma de su mano?

La mente de Frida hervía en dudas, pero sobre todo, en una envidia venenosa. ¿Qué había hecho Belén para merecer que la trataran como a una reina?

¿Acaso lo estaba chantajeando con algo?

Convencerse a sí misma de esa absurda teoría fue lo único que le dio un poco de paz a su resentido corazón.

Retiró la mirada de Tobías, sacó su celular y abrió WhatsApp para escribirle a Fabián.

—¿Ya vas a volver, Fabián?

La respuesta no tardó en llegar, fría y cortante como el hielo.

—Me surgió un asunto y me fui. Sigue probándote. Lo que te guste, simplemente págalo.

Al leer esas palabras desprovistas de cualquier rastro de amor, Frida sintió como si le hubieran clavado un cuchillo en el pecho.

Apretó el celular con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. No le respondió.

La asesora de ventas, al notar su cambio drástico de expresión, se acercó con cautela.

—Señorita, ¿se encuentra bien? ¿Acaso siente frío?

Por una de las raras veces en su vida, Frida logró tragarse su veneno. Negó con la cabeza y dijo con voz apagada:

—Estoy bien. Me quedo con este vestido.

La vendedora, confundida por la rapidez de la decisión, insistió:

—¿Está completamente segura de que no desea ver las otras opciones?

Esta vez, la paciencia de Frida se agotó. Mientras caminaba de regreso al probador, soltó con amargura:

—¿Para qué probarme más? Nadie me va a mirar de todos modos.

—¿Qué tal ahí? ¿Te aprieta?

Belén negó con la cabeza, sus mejillas encendidas como brasas.

—No, está perfecto.

Tobías le dedicó una sonrisa ladeada, se inclinó hasta rozar su oreja y le susurró:

—Te ves preciosa... Y ese vestido marca perfecto tus curvas.

El hombre no tenía remedio. Ahí estaba, coqueteándole descaradamente frente a las empleadas de la tienda.

Belén, muerta de vergüenza, bajó la mirada, incapaz de sostenerle los ojos.

Frida presenció toda la escena. Sus entrañas se retorcieron en un torbellino de celos e ira.

¿Por qué a Belén le resultaba tan fácil tener a un hombre rendido a sus pies?

¿Por qué ella no podía tener lo mismo?

Fabián no la amaba. Y a Tobías ni siquiera le importaba su existencia.

Comparar la devoción de Tobías con la frialdad polar de Fabián solo hizo que Frida se sintiera aún más humillada y miserable.

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