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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1157

Belén dejó la frase a medias, incapaz de terminarla.

Al verla dudar, Dolores no pudo evitar mirarla y preguntarle en voz baja:

—¿Qué pasa?

Belén abrió los ojos. Observó el rostro de Dolores y luego dijo con inquietud:

—Pero, al fin y al cabo, todavía no me he divorciado de Fabián Rojas.

Aunque ahora estaba con Tobías Galindo, siempre se sentía intranquila.

Mientras no firmara los papeles del divorcio con Fabián, no tendría paz.

Conociendo a Fabián, no sería raro que cambiara de opinión de un día para otro.

Al escuchar que se trataba de eso, Dolores respiró aliviada y le restó importancia:

—¿Te refieres a eso? Si es por eso, ¿de qué tienes miedo? ¿De esa estúpida culpa moral? ¿Qué hay de Fabián? ¿Acaso no lleva tiempo viviendo con esa tal Frida Arrieta?

Las palabras de Dolores la reconfortaron un poco, pero Belén seguía insegura:

—Pero, Dolores, si hago esto, sería...

No terminó de hablar cuando Dolores la interrumpió:

—Belén, ese matrimonio tuyo es una farsa desde hace mucho. Estar casados o no da lo mismo. Además, Fabián y Frida ya están a punto de celebrar su boda, ¿por qué le das tantas vueltas? Eres una mujer moderna, no dejes que el qué dirán te amarre. Elegiste a un hombre mejor, y eso no significa que te hayas equivocado. No pienses de más. No has hecho nada malo. Al contrario, yo creo que estás haciendo lo correcto.

El discurso de Dolores logró calmar poco a poco la ansiedad de Belén.

Un momento después, asintió con una sonrisa:

—Tienes razón.

Dolores dejó las brochas de maquillaje sobre la mesa, levantó la mano para acariciarle suavemente la mejilla y le dijo:

—Ya eres toda una mujer, tienes que tomarte las cosas con más madurez. Deja de dudar tanto.

Belén asintió de nuevo:

—Está bien.

Al verla tan dispuesta, Dolores sonrió con ternura:

—Entonces seguiré maquillándote.

Mientras tanto, en la planta baja.

Tobías Galindo estaba sentado en el sofá. No estaba revisando su celular ni mirando la televisión; simplemente estaba ahí, con la mirada clavada en el suelo.

Desde la entrada principal de la sala hasta las escaleras había exactamente veintiocho baldosas de mármol. La mesa redonda del comedor tenía diez patas. Del sofá a la puerta de la cocina había otras veinte baldosas. La lámpara de araña tenía veinticuatro tiras de cristal colgando...

Ya había perdido la cuenta de cuántas cosas había enumerado.

Capítulo 1157 1

Capítulo 1157 2

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