Tobías la miró con resignación y suspiró.
—Está bien.
Afuera, al escuchar que Belén ya estaba despierta, Dolores preguntó con cierta cautela.
—¿Puedo pasar?
Belén comprobó que Tobías ya estuviera completamente vestido antes de responder.
—Pasa, Dolores.
Al oír eso, Tobías se levantó de un salto y se quedó de pie junto a la cama, intentando aparentar que no había dormido ahí en toda la noche.
Cuando Dolores abrió la puerta, se encontró a un Tobías tieso como una tabla parado a un lado, y a Belén todavía sentada en la cama.
Al ver entrar a Dolores, Tobías se giró de inmediato para saludar.
—Buenos días, Dolores.
Dolores le devolvió una sonrisa radiante.
—¿Ya de pie?
Tobías asintió.
—Sí, ya me levanté.
Dolores continuó.
—Por cierto, el desayuno ya está listo abajo. Cuando termines de comer, no te olvides de subirle algo a Belén.
Tobías asintió, pero no pudo evitar lanzar una mirada melancólica hacia Belén.
Aunque estuvieran bajo el mismo techo, la simple idea de separarse, él abajo y ella arriba, no le hacía ninguna gracia.
Belén, notando su reticencia, le dedicó una sonrisa.
—Anda, ¿no tienes hambre?
Tobías hizo un puchero y contestó con desgano.
—Sí, tengo. Ya bajo.
Belén asintió.
—Bien.
A regañadientes, Tobías caminó hacia la puerta, volteando a verla unas tres veces antes de salir por fin de la habitación.
Cuando Dolores comprobó que él se había ido, dejó el maletín de maquillaje sobre la cama.
Miró a su cuñada con una sonrisa pícara y comentó.
—Sí que está pegado a ti como chicle.
Las orejas de Belén se pusieron rojas de la vergüenza.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....