Al notar que Belén estaba a punto de molestarse, Tobías detuvo sus manos y le dijo.
—Está bien, dime. Te escucho.
Belén se sentó a su lado en el sofá, dejó escapar un largo y profundo suspiro, y comenzó a hablar.
—Ya he pensado cómo manejar el tema de que Fabián Rojas se entere de lo nuestro.
Tobías la miró con curiosidad.
—¿Y cuál es tu decisión?
—Que las cosas sigan su curso natural —respondió ella—. Si Fabián se entera, pues se enteró. Y si no, tampoco tenemos por qué ir a decírselo a propósito.
Tobías soltó un murmullo indiferente.
—Ah.
Belén lo observó de reojo, escudriñando la expresión de su rostro. Inquieta, le preguntó.
—¿No te molesta?
Tobías negó con la cabeza.
—No, pero me muero de ganas de anunciarlo a los cuatro vientos. Quiero que todo el mundo sepa que tú, Belén Soler, eres la mujer de Tobías Galindo.
Belén bajó la mirada, visiblemente preocupada.
—Pero la realidad es que aún no me he divorciado de Fabián. Para no causar problemas innecesarios, creo que lo mejor es...
Se detuvo, sin querer decir las palabras en voz alta.
Por supuesto, Tobías sabía exactamente lo que no había dicho. Aunque en el fondo no le gustaba la idea, era la decisión de Belén. Sin más remedio, accedió.
—Está bien. Haré lo que tú digas.
Él sabía muy bien que, aunque no dijeran nada, Fabián Rojas terminaría enterándose tarde o temprano de la relación que había entre ellos.
Solo que él deseaba que ese momento llegara cuanto antes.
Al ver que Tobías aceptaba, Belén murmuró con voz ronca.
—Gracias.
Tobías acercó su rostro a propósito, se señaló la comisura de los labios y le exigió.
—Entonces dame un beso.
Al ver su actitud juguetona, Belén fingió molestia, pero en el fondo sintió un agradable cosquilleo en el pecho.
Como ella no se movía, Tobías pensó que lo iba a rechazar, pero, para su sorpresa, un segundo después ella se inclinó y depositó un beso justo donde le había indicado.
Belén lo miró con evidente sorpresa.
—¿No vas a comer?
Él le sonrió con calidez.
—Comeremos juntos del mismo tazón.
Belén se quedó petrificada. El gesto tuvo un impacto profundo en ella.
Recordó a Fabián; a él siempre le habría asqueado la sola idea de compartir el mismo tenedor o plato con ella.
Se dio cuenta de que amar verdaderamente a alguien significaba aceptarlo por completo, sin reservas.
Tobías le dio una cucharada y preguntó.
—¿A qué hora terminarás en la universidad?
Saliendo de su ensoñación, Belén lo pensó seriamente.
—No estoy segura, pero supongo que a las seis ya estaré libre.
Tobías usó la misma cuchara para tomar un poco de avena él mismo, y luego volvió a darle de comer a Belén.
—Entonces pasaré a buscarte puntualmente a las seis.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....