Caminaron lado a lado hacia el interior de la mansión, justo como tantas otras veces, regresando tomados de la mano.
Pero esta vez no se sentía la misma dulzura de siempre. Belén sabía perfectamente que, la próxima vez que cruzara esa puerta hacia afuera, ya no serían pareja.
Desde la entrada hasta el salón principal, ninguno de los dos pronunció palabra.
Ese silencio en el trayecto no hizo más que amplificar la tristeza que impregnaba la noche.
Al entrar al salón, Tobías se dio la vuelta y puso el seguro a la puerta principal.
Belén observó sus movimientos fluidos, pero no dijo nada; solo lo miró fijamente.
Cuando Tobías terminó de asegurar la puerta, se giró hacia ella con los ojos inyectados en sangre.
—Ahora sí podemos hablar bien.
Belén forzó una sonrisa cansada y le preguntó con voz ronca:
—Tobías, ¿qué necesidad tienes de hacer esto?
Él podía percibir que ella no estaba jugando; la situación iba en serio.
Toda huella de sonrisa desapareció de su rostro, dejando sus ojos inundados de dolor.
—Solo sé que tú, Belén Soler, eres mi mujer.
El pecho de Belén se oprimió, pero respondió con firmeza:
—Tobías, no estoy bromeando.
Él levantó la voz, desesperado:
—Pero volviste conmigo. Y ya que entraste, no dejaré que vuelvas a salir por esa puerta. Si quieres separarte de mí, jamás lo permitiré.
Ella lo miró con profunda resignación.
—Pero ya tomé mi decisión.
Tobías gritó aún más fuerte:
—Entonces olvídate de salir de aquí esta noche.
Belén se quedó de pie en medio del salón. La luz del techo caía directamente sobre ella, bañándola en un resplandor pálido.
—Tobías, si acepté volver contigo, es porque tengo mis maneras de salir. No vas a poder retenerme.
Con los ojos ardiendo en rojo, él apretó los dientes y la desafió:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....