Tobías giró el rostro para lanzarle una mirada furtiva, y al verla sonreír, él también sonrió.
Le encantaba cómo estaban las cosas ahora.
Ella era su mujer, él la amaba, y ella también lo amaba a él.
Si fuera posible, desearía que todo se quedara así para siempre.
Y si ese deseo exigía un precio, estaba dispuesto a renunciar a su identidad, a su estatus y a su poder.
Las ambiciones de Tobías eran pequeñas; lo único que quería era que ambos fueran felices.
La pequeña Rosa logró llenar dos cestas con fresas, y en el proceso se comió una buena cantidad.
Después de pesarlas y pagar a la salida, Tobías llevó a la niña de vuelta a la mansión Soler.
Tras sentarse a descansar unos minutos, Tobías volvió a encender el auto para llevar a Belén a la universidad.
Llegaron a las dos y media de la tarde.
Tobías se resistía a dejarla ir y se quedó abrazándola y mimándola en el auto.
Al ver la hora, Belén notó que se acercaban a las tres, la hora acordada.
—Se hace tarde, de verdad tengo que entrar ya —le recordó en voz baja.
Tobías la miró con pesar.
—Entonces envíame un mensaje en cuanto termines, vendré a recogerte de inmediato.
Belén le regaló una sonrisa tierna y asintió.
—Lo sé.
Tras bajar del auto, Belén caminó hacia la entrada, volteando a verlo a cada paso para despedirse con la mano.
Tobías bajó la ventanilla, asomó la mitad de la cabeza y gritó sin ningún pudor.
—¡Mi amor, nos vemos en dos horas!
Alzó la voz a propósito, logrando que varios transeúntes escucharan el grito y voltearan a ver en su dirección.
Belén se sintió avergonzada, se cubrió la cara con el bolso y corrió hacia el interior de la universidad.
Una vez adentro, le envió un mensaje de WhatsApp a Rodrigo.
Belén también se levantó y asintió.
—Gracias, Profesor Rodrigo. Lo tendré todo en cuenta.
Tras despedirse, salió de la oficina.
Al cruzar la puerta principal de la universidad, miró a su alrededor. Le tomó menos de cinco segundos encontrar el auto de Tobías.
Allí estaba él, de pie frente al vehículo, sosteniendo un ramo de flores. Llevaba el abrigo abierto, dejando que el viento jugara con los bordes de la tela.
Al ver que ella lo buscaba con la mirada, Tobías le sonrió y comenzó a caminar hacia ella.
Caminaba contra el viento, con el abrigo y el cabello revueltos, pero para él nada de eso era un obstáculo.
De hecho, Belén sabía que, en los lugares que ella no podía ver, él había soportado tormentas mucho peores.
Al pensar en eso, sintió que la nariz le picaba, al borde de las lágrimas.
Cuando Tobías estuvo cerca, sin darle tiempo a decir una sola palabra, Belén se abalanzó sobre él, abrazándolo por la cintura.
—Te amo —le dijo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....