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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1148

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Ni siquiera alcanzó a ver quién llamaba cuando la llamada se cortó automáticamente.

Pero Tobías sí lo notó; era Frida Arrieta, y la tenía guardada simplemente como 'Frida'.

Así que Tobías, bajando la voz, le recordó a Fabián con un tono de falsa cortesía.

—Sr. Fabián, como hombre, creo que debo aconsejarle algo. Mañana es su boda, lo mínimo que debería hacer es devolver la llamada. No haga esperar demasiado a su prometida.

Dicho esto, sin importarle lo que sintiera Fabián, Tobías apretó la mano de Belén y la guio a grandes zancadas hacia el interior del patio.

Fabián observó las figuras de ambos alejándose, sintiendo como si diez mil agujas le perforaran el corazón.

Se quedó clavado en su sitio, tardando una eternidad en reaccionar. Por su mente pasaban todos esos pequeños detalles que demostraban cuánto lo amaba Belén en el pasado.

Ella siempre había sido servicial con los Rojas; en el cumpleaños de su padre, se había levantado de madrugada y trabajado sin parar hasta la noche, solo para prepararle una cena perfecta a la familia.

E incluso había pasado noches entras sentada en la sala, esperándolo, solo para ser la primera en verlo llegar.

Pero esas eran cosas que la Belén de ahora ya nunca volvería a hacer.

Parecía que, en el fondo, ella realmente lo estaba sacando de su vida.

Belén y Tobías entraron a la sala principal tomados de la mano.

Apenas cruzaron la puerta, vieron a Leandro Soler, quien también fijó su mirada en ellos.

Al verlos llegar juntos, y de la mano, Leandro se sorprendió un poco, pero terminó asintiendo en silencio, aprobando el gesto.

Retirando la mirada, Leandro preguntó como si no le diera importancia.

—¿Se encontraron con Fabián afuera?

Belén asintió.

—Sí, nos lo cruzamos.

Al notar las mejillas sonrojadas de su hermana, Leandro no pudo evitar preguntar.

—¿Discutieron con él allá afuera?

Belén negó con la cabeza y respondió suavemente.

—No exactamente.

Leandro la miró con incredulidad.

—Tienes la cara roja del coraje, ¿y me dices que no pelearon?

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