La sostenía entre sus brazos, negándose a dejarla ir.
Belén ladeó un poco el rostro, le dio un suave mordisco en la mejilla y le preguntó juguetona:
—¿Y ahora? ¿Aún quieres seguir abrazándome?
No fue un mordisco fuerte; Tobías dejó escapar un leve gruñido y replicó:
—No solo quiero abrazarte, también quiero...
Pero Belén no le dio oportunidad de terminar la frase.
Lo miró con falsa indignación y lo cortó en seco:
—¿Entonces vamos a la boda o no?
A Tobías no le quedó más remedio que rendirse y suspiró:
—Vamos, sí vamos.
Se enderezó, le alborotó el cabello con cariño y dijo con voz mimosa:
—En todo Páramo Alto, eres a la única persona a la que le hago caso.
Al oír su respuesta, a Belén le entró la curiosidad y lo desafió:
—¿Y qué hay de la señora?
Tobías la miró con una sonrisa y los ojos llenos de devoción absoluta. Contestó:
—Depende de si lo que dice te conviene o no. Si es para tu beneficio, por supuesto que la escucharé. Pero si te perjudica en lo más mínimo, aunque tenga toda la razón del mundo, me haré el sordo.
Al escuchar esas palabras, Belén se quedó sin habla.
Con Tobías, siempre era la prioridad indiscutible. Él le demostraba un favoritismo descarado.
¿Cómo podría no enamorarse perdidamente de un hombre así?
Se conmovió tanto que sus ojos se humedecieron.
Tobías le acarició la cabeza una vez más y cerró la puerta del auto.
Media hora después, el vehículo se detuvo frente al imponente Palacio de Nupcias de Páramo Alto.
Tobías bajó, rodeó el auto hasta llegar al asiento del copiloto, abrió la puerta y le ofreció la mano.
Belén tomó su mano y descendió del vehículo con suma elegancia.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....