Al escuchar que Tobías finalmente cedía, Belén bajó el arma lentamente.
Sin dudarlo un segundo más, se dio la vuelta y caminó hacia Fabián.
Ambos cruzaron miradas, y Belén sentenció:
—Vámonos. Ya nos vamos a casa.
Fabián guardó su pistola. Al ver las mejillas ruborizadas de Belén, sintió una rabia amarga retorciéndole las entrañas, pero se obligó a tragarse el malestar.
Cuando volvió a hablar, su voz sonaba áspera e irreconocible:
—¿Le dejaste todo claro?
Belén lo observó, entrecerró los ojos y, soltando una carcajada irónica, respondió:
—Todo está dicho.
Fabián la escudriñó con una mirada glacial, pero no añadió ni una sola palabra más.
Desconcertada, ella le preguntó:
—¿Ahora qué quieres?
Fabián guardó silencio. Después de una eternidad, soltó de golpe:
—Ven y bésame.
Belén pensó que había escuchado mal y preguntó, atónita:
—¿Qué?
Él lo repitió, implacable:
—Que me beses.
Belén se mordió el labio inferior; las lágrimas rodaron por su rostro, traicionándola una vez más.
Lo miraba con ojos cargados de un remolino de emociones indescifrables.
En esa mirada ya no quedaba ni rastro de la pasión devoradora que alguna vez sintió por él; solo quedaba una infinita desolación y tristeza.
Al ver que ella no hacía ningún movimiento para obedecer, Fabián usó un tono descaradamente amenazante:
—¿Qué pasa? ¿Necesitas que te lo repita?
¿Cómo iba a besarlo estando Tobías presente?
Aunque no se había atrevido a mirar atrás, podía sentir perfectamente que los ojos de Tobías estaban clavados en ella, listo para intervenir a la menor provocación.
El arma seguía aferrada en su mano; no la había soltado en ningún momento.
Sabía que, si Tobías intentaba algo imprudente, volvería a apuntarse a la cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....