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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 23

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Otilia se puso los anteojos y fijó la vista en la fotografía que acompañaba el anuncio.

—¿No es esta la reliquia de nuestra familia? ¿El Prendedor de Jade Negro?

—Lea el mensaje de abajo, señora —indicó Elena.

El texto decía: "Señor de la gabardina, cuando me salvó, dejó caer este prendedor. Por favor, comuníquese conmigo a la brevedad. Señorita Aguirre."

—Interesante —murmuró Otilia, asintiendo lentamente.

Por otro lado.

Alana había pasado por casa de los Vargas, le entregó el Prendedor de Jade Negro a Marcos y luego tomó un taxi de regreso al hospital.

Apenas cruzó las puertas de la entrada, chocó de frente con Lisandro Herrera.

Él la miró con un rostro carente de cualquier afecto.

—Ya que tomaste tu decisión, espero que renuncies al departamento de rehabilitación cuanto antes. Así nos ahorramos la molestia de cruzarnos por los pasillos.

—Ya renuncié —respondió ella, sin ánimos para pelear.

Lisandro frunció el ceño.

—¿Entonces a qué vienes al hospital?

De pronto, pareció entender algo y su rostro se endureció aún más.

—Te prohíbo que busques a mi madre. Necesita paz y tranquilidad. Yo mismo encontraré el momento para decírselo, ¿te queda claro?

Alana asintió en silencio.

Había llamado al ama de llaves ese mismo día para confirmar que Isabel estaba bien. Como temía que su suegra intentara convencerla de no divorciarse, decidió que era mejor no visitarla por ahora.

Lisandro se quedó sin palabras por un segundo, antes de soltar un bufido de desprecio.

—¿Cuándo te volviste una persona tan fría y calculadora?

Alana esbozó una media sonrisa.

—El sentimiento es mutuo.

—...

—¡Lisandro!

La dulce voz de Yara sonó no muy lejos de allí.

Lisandro apartó la mirada y caminó rápidamente hacia ella, rozando el hombro de Alana al pasar.

Alana pudo escuchar claramente cómo él le preguntaba con voz cargada de preocupación:

—¿Por qué no contestabas mis llamadas? ¿Estás bien? ¿Acaso Alana te hizo algo?

Ella dejó escapar un suspiro de cansancio. Sin querer gastar ni un gramo más de su energía, siguió caminando hacia el interior del hospital.

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