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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 28

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Movió los labios un par de veces, pero fue incapaz de articular sonido alguno.

Alana mantenía una expresión de absoluta firmeza:

—Llámalo pensión alimenticia o el pago por estos tres años de desvelo cuidándote. Dame diez millones. ¿Acaso te parece mucho?

—Es una miseria —respondió Lisandro, siguiéndole el juego al instante—. Aun si tuviera que darte cada centavo que tengo a cambio de recuperar estas piernas, seguiría siendo poco.

Alana solo sonrió, sin decir una palabra. Parecía haber conseguido la validación que buscaba, pero en el fondo, su alma se sentía más desolada que nunca.

Volvió a sonreír con fingida indiferencia y añadió:

—Ya sea por los sentimientos o por tus piernas, ponle el precio que consideres justo. Así todo será mucho más sencillo. Ya no tendrás que cargar con esa deuda moral y podremos quedar a mano.

—A mano... —repitió Lisandro en un susurro, bajando la mirada. Se puso de pie con una risa amarga y se llevó las manos a la cintura, luciendo exhausto—. Está bien. Si eso es lo que te hace feliz.

—Ya hablaste suficiente por hoy, no sigas. Dormiré en la habitación de huéspedes. Mientras te recuperas, quédate en la casa. Me dejará más tranquilo saber que alguien te está cuidando.

Sin decir más, dio media vuelta y salió de la habitación.

El cuarto quedó sumido en un silencio total. Alana cerró los ojos y soltó un profundo suspiro de agotamiento.

En su momento, luchar para casarse con él había sido una batalla titánica.

Y ahora, tratar de divorciarse estaba resultando ser exactamente igual.

Al día siguiente, cuando despertó, bajó las escaleras caminando a paso lento.

Escuchó a las empleadas murmurando en la cocina, quejándose de que no lograban replicar el sazón de la señora y de que seguramente Lisandro volvería a gritarles.

Se acercó en silencio y comenzó a guiarlas paso a paso.

Cuando las mujeres probaron el resultado y sonreían aliviadas, otra empleada se acercó rápidamente.

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