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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 29

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Alana asintió y aceptó.

Después de todo, la oferta era demasiado tentadora.

Una vez que Lisandro se marchó junto a Yara, ella se tomó un momento para organizar un par de cosas y luego pidió un taxi rumbo a la casa de los Vargas.

Axel había pedido el día en el hospital para cuidarla, y el ambiente en esa casa la transportó a los buenos tiempos.

Cuando ella tenía doce años, su padre pasaba largas temporadas en su pueblo natal atendiendo negocios de bienes raíces, así que decidió dejarla bajo el cuidado de Francisco Vargas.

Durante el día, su mentor trabajaba sin descanso en el centro de investigación, pero por las noches llegaba a cocinarles y a ayudarles con sus tareas escolares.

Con el tiempo, los amigos de la familia bromeaban diciendo que, cuando crecieran, Alana debería casarse con Axel para formalizar el lazo y ser una sola familia.

Esa noche, Alana estaba acurrucada en el sofá, envuelta en una manta.

Axel llegó con una taza de té de hierbas a la temperatura perfecta para ella.

Después de que se la tomó tapándose la nariz por el sabor amargo, Axel le puso un dulce en la boca, como si estuviera mimando a una niña pequeña.

Francisco Vargas los observaba desde su sillón, con una sonrisa paternal dibujada en el rostro.

Cuando Francisco se retiró a su cuarto a descansar, Alana miró a Axel, que estaba sentado a su lado, y le preguntó en voz baja:

—Oye, cuando salga el divorcio, ¿te casas conmigo?

Axel se ahogó con su propia saliva, tosiendo y abriendo los ojos de par en par.

—¡¿Te volviste loca?! ¿La anestesia te fundió el cerebro o qué? ¿Acaso olvidaste mis gustos?

¿Cómo iba a olvidarlo?

Desde que eran adolescentes, Axel supo que a él le gustaban los hombres, y ella fue la primera persona en el mundo a la que se lo confesó.

Él vivía aterrorizado de que se burlaran de él o de decepcionar a su padre.

Desde ese momento, Alana le prometió que jamás dejaría que nadie se atreviera a humillarlo.

Justo antes de que ella se fuera al extranjero, había sacado el tema, sugiriendo que al volver se casaran.

En ese entonces su lógica era muy simple: ella quería dedicar su vida entera a la ciencia y no tenía tiempo para cursilerías románticas.

Siendo así, prefería casarse con su mejor amigo y envejecer juntos en paz.

Axel la había rechazado rotundamente, diciéndole que tanto estudio le estaba atrofiando el sentido común.

Alana miró de reojo la puerta de la habitación de Francisco y bajó aún más la voz:

—Tu papá no deja de insistir en presentarte muchachas. Si nos casamos, tú le das el gusto, yo tengo un hogar tranquilo, y el día que nos muramos hasta nos pueden enterrar juntos. Matamos tres pájaros de un tiro.

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