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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 52

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—Ahora que me toca a mí realizar esta ceremonia, he reflexionado profundamente sobre qué significa realmente este legado. He tenido miles de estudiantes, muchos de ellos increíblemente brillantes e ingeniosos —continuó Francisco.

—Algunos han alcanzado la fama y el éxito, pero debe haber alguien dispuesto a cargar con el peso de esta herencia. Alguien dispuesto a trabajar en las sombras, como un buey de carga, para seguir formando a las mentes brillantes de nuestro país.

—Por eso, quiero entregar este símbolo de sacrificio y dedicación silenciosa a un joven profesor de nuestra academia. Su nombre es Santiago. Es el maestro más responsable y excepcional que he conocido; un hombre que, incluso enfrentando una grave enfermedad, se negó a faltar a una sola de sus clases.

En cuanto pronunció esas palabras, el salón entero estalló en murmullos de asombro.

¿El premio no era para Yara Lozano, la estrella de TecnoNúcleo, sino para un profesor común y corriente del que nadie había oído hablar?

Todos empezaron a preguntarse quién era ese tal Santiago, buscando con la mirada por todo el recinto.

Quienes ya sentían envidia de Yara no tardaron en aprovechar la oportunidad para lanzar comentarios mordaces:

—Tantas ínfulas de grandeza para terminar haciendo el ridículo.

—Qué humillación. Si yo fuera ella, ya me habría ido corriendo.

—¿De qué sirve tener un apellido poderoso? Este es un lugar donde importan los aportes y la academia, no lo que dicte la familia Lozano.

Las burlas parecían amplificarse en los oídos de Yara. Se quedó paralizada como una estatua de cera, con su sonrisa triunfal congelada en el rostro, viéndose aún más patética bajo la intensa luz del reflector.

Solo cuando apartaron el foco de ella pudo volver a respirar, tambaleándose un poco.

—¿Estás bien? —preguntó Lisandro Herrera en voz baja, apresurándose a sostenerla por la cintura.

A su lado, Julián Rojas le dio unas suaves palmadas en la espalda, ofreciéndole una mirada reconfortante para que no le diera importancia.

Yara mantuvo la sonrisa forzada en su rostro, obligándose a aplaudir con la cabeza en alto junto con los demás, aunque por dentro apretaba los dientes con tanta rabia que casi crujían.

De reojo, miró ansiosamente en dirección a Caleb Lozano.

Caleb aplaudía lentamente, su perfil afilado e impasible no revelaba ninguna emoción.

Pero ella sabía la verdad: lo había decepcionado una vez más.

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