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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 53

Nuevo hogar¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Francisco no se alteró en lo más mínimo y le respondió con total franqueza:

—Lamento no haber seguido la corriente para complacer los caprichos de la señorita Lozano. Pero, según los estándares de este viejo, usted todavía no da la talla. De hecho, le falta mucho camino por recorrer.

Yara apretó los labios; era evidente que no soportaba la humillación. Forzando una sonrisa de desdén, replicó:

—Los estándares de este mundo son dictados por las personas, y también son las personas quienes los cambian. Si cumplo o no con esos estándares no es algo que decida usted.

Al escucharla, Francisco mantuvo su postura digna y firme.

—El poder y las influencias pueden alterar las reglas del juego, pero no pueden cambiar los hechos. El respeto y los honores que no se ganan con verdadero talento, no son más que un autoengaño.

—Usted... —Yara se quedó sin palabras, su rostro palideciendo de la rabia.

—Tiene usted toda la razón —intervino Lisandro rápidamente para calmar las aguas antes de que Yara estallara—. Espero que en otra ocasión tengamos la oportunidad de recibir sus sabios consejos.

—No me atrevería a darles consejos —respondió Francisco, endureciendo el semblante. Luego miró a Alana y a Axel—. Mis dos muchachos han estado bajo su cuidado en el pasado, pero de ahora en adelante, creo que lo mejor será que cada quien siga su camino y evitemos relacionarnos.

Lisandro no se inmutó ni se mostró ofendido. Con una sonrisa, miró a Axel.

—No sabía que el doctor Vargas era su hijo. Ahora que lo sé, considerando que trabajamos en el mismo hospital, creo que deberíamos estrechar lazos. Además, usted es el mentor de Alana y, por ende, un mayor digno de respeto para nosotros como esposos. Es mi deber honrarlo junto con ella.

Alana frunció el ceño, molesta por sus palabras.

Francisco, con una expresión que rayaba en la ironía por el atrevimiento del joven, sonrió y dijo:

—No será necesario estrechar lazos. Después de todo, mi hijo ha sido transferido a Urgencias y está bastante ocupado.

Alana y Axel intercambiaron una mirada de sorpresa; ninguno de los dos le había mencionado lo del traslado a urgencias.

—Y en cuanto a Alana, ella no tiene la más mínima intención de seguir frecuentando a su exmarido —enfatizó Francisco, cortante.

Alana no dijo nada. Observó con frialdad cómo Lisandro se quedaba pasmado por la respuesta, y luego se dio la vuelta para marcharse junto a Francisco y Axel.

Al llegar a la entrada del hotel, el acomodador les entregó las llaves. Su auto ya los esperaba en la puerta.

Justo cuando estaban por subir, el señor Castillo, el inversionista, se acercó apresurado.

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