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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 235

El personal no pudo hacerle el favor al abuelo; al salir de la oficina del registro civil, el señor volvió a decirle a Florencia:

—Flor, tú regresa primero. Deja que tu abuelo busque a alguien para ver cómo resolver esto. Te prometo que haré todo lo posible para que puedas sacar ese papel cuanto antes.

Florencia sabía perfectamente que esto no dependía del abuelo. No había otra opción: solo quedaba esperar.

Ella no dijo nada más, aunque el abuelo seguía murmurando, molesto, sobre lo absurdo de esas reglas tan rígidas.

Salvador también iba callado, siguiéndolos en silencio. Esta vez, sus pasos no arrastraban el mismo peso con el que llegó; al contrario, parecía caminar más ligero.

Su mirada no se despegaba de la silueta de Florencia. Ella platicaba con el abuelo, la expresión de su rostro era serena, muy diferente a la frialdad con la que solía tratarlo a él.

Unos mechones de cabello negro caían suavemente por su mejilla y se perdían en el cuello de su abrigo, dándole un aire aún más delicado.

Los ojos de Salvador se oscurecieron. Sentía cómo una ola de celos y amargura le revolvía el pecho, aunque lo que más le dolía era el orgullo herido.

Esa princesa que todos envidiaban y cuidaban, él la había conquistado con esfuerzo y la mantuvo a su lado casi dos años. Creyó que la tenía, que podía retenerla para siempre. Pero ahora comprendía que todo era un engaño, una ilusión suya.

Incluso durante su matrimonio, ella rara vez le sonreía.

Le picaban los dedos, deseando traerla de vuelta a la fuerza, como si fuera una presa capturada por una fiera, difícil de escapar de la guarida. Pero se contuvo. Sabía que con Florencia necesitaba más paciencia.

Mientras tanto, el abuelo terminó de quejarse por lo bajo y llamó a su asistente, pidiéndole que investigara ese asunto del periodo de espera para el divorcio.

Salvador, al escuchar la conversación, bajó la cabeza, los ojos llenos de sentimientos encontrados, y comenzó a escribirle un largo mensaje a Noah.

Con el abuelo y Salvador ocupados cada quien en lo suyo, Florencia aprovechó para avisarle al abuelo que prefería irse antes.

Edna ya estaba enterada de la noticia de su divorcio y la esperaba para celebrar; el lugar ya estaba reservado.

El abuelo, cargando con la culpa que sentía hacia Florencia, no puso ninguna objeción. De hecho, hasta recalcó que Salvador debía regresar con él a la casa familiar, solo para asegurarse de que no fuera a seguirla y arruinarle el día.

Salvador, distraído y atento al celular, ni se dio cuenta cuando el abuelo aprovechó para empujarlo hacia el carro.

Vio cómo el carro de la familia Fuentes se alejaba velozmente ante sus ojos y, por fin, Florencia sintió que podía respirar otra vez.

Se dio la vuelta para mirar la oficina del registro civil. Recordaba la primera vez que había cruzado esa puerta junto a Salvador, temblando de nervios.

En aquel entonces, en el instante que estamparon el sello, también sintió ese alivio, sin imaginar que en tan poco tiempo volvería a estar ahí, lista para empezar de nuevo.

Sin dudarlo más, pidió un taxi y pronto llegó al lugar donde había quedado de verse con Edna.

Ahí estaban Ciro, Thiago y Gilda.

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