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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 152

Gisela durmió tan profundo que cuando despertó ya era de día. Se sentía descansada, como si hubiera dejado atrás todo el cansancio acumulado.

Quien la sacó de su sueño fue Delia. La despertó con insistencia.

—¿No es fin de semana hoy? —preguntó Gisela, todavía medio dormida y frotándose los ojos—. No hay clases.

Sin darle oportunidad de volver a la cama, Delia le metió en la mano un bolígrafo, junto con un montón de ejercicios y cuadernos. Su voz sonaba apurada.

—Nada de flojera, venga, levántate a estudiar. ¡Rápido!

Gisela se talló los ojos, resignada, y dejó que Delia la jalara hasta sentarse. Al abrir los ojos por completo, lo primero que vio fue la montaña de ejercicios sin contestar.

Delia la miró seria.

—Estos días no has parado de andar conmigo de aquí para allá y ni tiempo tuviste para estudiar. La próxima semana es el examen mensual, tienes que ponerte las pilas.

Gisela respiró hondo. Su voz sonaba rasposa por recién despertar.

—Ya entendí, no te preocupes.

Para sorpresa de Gisela, durante varios días Nelson no apareció por la escuela a buscarla.

Quizá fue porque ella lo había eliminado de sus contactos y hasta lo bloqueó. Tal vez a Nelson le ganó el orgullo y por eso no se presentó.

Gisela sintió alivio.

Así mejor. Ahora podía enfocarse en prepararse para el examen mensual y el temido examen de ingreso a la universidad, sin distracciones.

...

El día que publicaron los resultados del examen mensual, el cielo estaba cubierto y lluvioso. Aunque era de día, afuera parecía que ya caía la noche. La lluvia golpeaba las ventanas con fuerza, dejando un sonido irregular y constante.

Sentada en su lugar, Gisela resolvía ejercicios en silencio, concentrada.

De pronto, un muchacho irrumpió corriendo en el salón, su voz desbordaba emoción y euforia.

—¡No manchen, ya salieron los resultados del examen mensual! ¡Nunca van a adivinar quién quedó en primer lugar!

Delia, que estaba sentada junto a Gisela, levantó la cabeza curiosa. El chico agitaba la hoja de calificaciones con tanto entusiasmo que todos terminaron mirando en la dirección donde apuntaba su mirada...

Todos giraron la vista.

¡Era Gisela!

Al notar que todos la miraban, Gisela levantó la cabeza despacio, desconcertada. Se topó con un montón de miradas llenas de asombro y hasta algo de incredulidad.

Se sintió incómoda.

—¿Y ustedes por qué me ven así? ¿Tan raro es?

El chico que sostenía la hoja soltó un grito.

—¡Gisela es la número uno! ¡Primer lugar de todo el año!

—¡Sacó veinte puntos más que el primer lugar del grupo especial!

El salón estalló de algarabía.

Los compañeros a su alrededor fruncieron el ceño.

—¿De qué está hablando? No entiendo nada.

Delia también se mostró preocupada.

—Gisela, mejor ni vayas.

Gisela le devolvió la hoja, metió las manos en los bolsillos y negó con la cabeza.

—No pasa nada. Vuelvo en un rato.

...

Al llegar a la oficina de la directora, Gisela no había ni entrado cuando escuchó llantos de dentro, mezclados con los intentos de consuelo de varios profesores.

—Ya basta, de verdad, tuviste un buen resultado. No hay razón para llorar. Puedes esforzarte para la próxima.

—Pero yo me esforcé muchísimo. El primer lugar debería ser mío. ¿Por qué Gisela tuvo que hacer trampa para quitarme el puesto?

—No hables así —dijo alguien con voz titubeante—. No tenemos pruebas de que Gisela hiciera trampa.

—¿Pruebas? Solo mira sus calificaciones anteriores. ¿Cuándo ha estado siquiera en el top diez? Ni por asomo. Y ahora, de repente, le saca más de veinte puntos al segundo lugar. ¿De verdad creen que puede lograr ese resultado sin hacer trampa?

Esa voz era de Eliana. Su tono sarcástico hizo que a Gisela le dieran ganas de reír.

Parada en la puerta, levantó la mano y tocó con educación.

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