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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 347

La señora guardó silencio por un momento, esperando la respuesta del otro lado.

Poco a poco, al no escuchar la voz de Nelson, la inquietud le creció en el pecho y comenzó a dudar si debía haber dicho todo aquello.

Apretó los labios, pero al final decidió hablar:

—La señorita Gisela parece no confiar mucho en usted, así que por más que le insisto, no quiere contactarlo… Yo pienso que entre usted y la señorita Gisela quizá haya algún malentendido, tal vez deberían aclararlo. Después de todo, usted no viene a verla ni le llama, y ella no sabe que usted se preocupa por ella, así que es normal que esté enojada con usted.

Soltó todo de un tirón y en cuanto terminó, cerró la boca, esperando con nerviosismo la respuesta de Nelson.

Del otro lado, Nelson también se quedó en silencio. El corazón de la señora latía cada vez más rápido.

No tenía idea si Nelson se molestaría por lo que acababa de escuchar.

La palma de su mano estaba cubierta de sudor cuando por fin llegó la respuesta de Nelson.

—Ya entendí.

La señora sintió como si le quitaran un gran peso de encima y respondió de inmediato:

—Bueno, señor Nelson, eso era todo de mi parte.

Nelson colgó enseguida.

La señora se quedó un momento con el celular en la mano y soltó un largo suspiro.

Frente a Nelson, hasta ella se sorprendía del aura tan fuerte y de la seguridad con la que se desenvolvía aquel hombre que no llegaba ni a los treinta años. Aunque ella le llevaba tres décadas de vida, no podía evitar sentirse intimidada frente a él, incapaz de mirarlo directo a los ojos.

Nadie la detuvo cuando entró; se quedó de pie frente a la puerta, y no hacía falta poner demasiada atención para escuchar el bullicio dentro: varias personas estaban discutiendo acaloradamente.

Gisela caminó con pasos ligeros hasta colocarse junto a la puerta de donde provenían las voces.

La voz de un hombre sobresalía por encima de las demás:

—¡Esto se tiene que resolver ya! Varios de los nuestros han visto sus datos personales filtrados, no dejan de sonar los teléfonos y los mensajes que llegan… ya saben lo ofensivos que son. Además, los de arriba ya se enojaron. ¡Esta semana tiene que estar resuelto! Denme una solución ahora mismo, y si no pueden, lárguense todos.

—¿Cómo un asunto tan sencillo terminó así? ¡Todos tienen culpa aquí! ¡Pónganse a pensar! Los tenemos aquí para trabajar, no para que se hagan los desentendidos. ¡Pónganse a buscar una solución! Quiero verlos con la cabeza en alto, no cabizbajos. ¡Me fastidian! ¿Cómo fue que los contrataron?

—¡Bola de inútiles! Ni esto pueden arreglar, ¡no sirven para nada!

Gisela volvió a arrugar la frente, sintiendo que el ambiente apretaba cada vez más.

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