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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 420

Xavier.

Aquel hombre no solo tenía una cara que llamaba la atención, sino también un nombre que, para Gisela, sonaba hasta elegante.

Guardó su credencial en el bolsillo y lanzó una mirada a la puerta cerrada del cuarto de hospital.

Eso sí, el hombre tenía la boca muy suelta y poco tacto para hablar.

En ese momento, Xavier seguía dormido, conectado al suero en la cama.

El doctor y las enfermeras todavía estaban adentro, revisando cómo seguía.

Por su ropa y su manera de ser, Xavier no parecía alguien con dinero. Además, casi nunca salía de su departamento. Justo el día que Gisela lo encontró en el pasillo, notó que junto a su puerta había una bolsa de basura con cajas de comida para llevar y de sopas instantáneas.

Todo en él gritaba “desempleado”.

Y no tener trabajo, pues, era igual a no tener mucho efectivo.

Por eso, Gisela le había conseguido una cama en una sala compartida, donde la cuenta del hospital y de las medicinas no saldría tan cara. Esperaba que, al despertarse, Xavier pudiera transferirle el dinero.

Sentada en una banca justo afuera del cuarto, escuchó los movimientos de médicos y enfermeras dentro. Se puso de pie y entró.

Nada más cruzar la puerta, uno de los doctores, que le daba la espalda, giró y le hizo señas para que se acercara.

Gisela se aproximó, escuchando con detenimiento las indicaciones que el doctor le daba, aunque no podía evitar que sus ojos se fueran al rostro de Xavier.

—Tienes que estar pendiente. Si tu novio presenta algún síntoma raro, no dudes en presionar el botón de la enfermera y llamarnos. Si todo va bien esta noche, mañana en la mañana ya puede irse a casa —explicó el doctor.

La cara de Xavier era de esas que no se olvidan. Ya no lucía tan lleno de vida como cuando le empezaron a hacer efecto los medicamentos, pero esa palidez le daba un aire frágil, casi como si pidiera que alguien lo cuidara.

Gisela no llevaba ni un minuto ahí y ya había notado que dos enfermeras no dejaban de lanzarle miradas a Xavier. Y, claro, cada vez que lo hacían, se les ponían las mejillas coloradas.

Pero a Gisela, después de todo lo que había vivido, ningún rostro bonito le movía el piso. Ni uno tan atractivo como el de Xavier.

Capítulo 420 1

Capítulo 420 2

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