Gisela dejó el celular a un lado y comentó con voz tranquila:
—Perdón, tengo que atender algo importante.
Los ojos de Nelson, oscuros y alargados, se posaron directamente en ella. Su mirada resultaba tan penetrante que parecía atravesarla mientras decía:
—Si tienes otro asunto urgente, adelante, puedes atenderlo primero. Solo que, mi tiempo es limitado. No sé cuándo podremos vernos de nuevo.
Gisela pensó en el mensaje de Xavier que esperaba en su celular. Carraspeó un poco y respondió, intentando mantener la compostura:
—Disculpe, Sr. Nelson, fue una descortesía de mi parte.
Para demostrar que estaba enfocada, Gisela volteó el celular y lo dejó boca abajo sobre la mesa.
Eso bastó para que pasara por alto el mensaje que Delia acababa de enviarle.
Nelson asintió, breve:
—Comamos primero.
Gisela tomó los cubiertos y, en silencio, llevó un poco de ensalada a la boca.
Durante toda la comida, ni ella, ni Nelson, ni el asistente de Nelson pronunciaron palabra; el ambiente en el privado se volvió tan pesado que solo se escuchaba el sonido de los cubiertos chocando con los platos. El aire parecía tan denso que costaba trabajo respirar.
Gisela nunca había sido de comer mucho, y esa costumbre no había cambiado con los años. Apenas terminó su porción, dejó el tenedor y se limpió los labios con una servilleta. Nelson tampoco era de grandes cantidades; cuando acabó, el asistente, que todavía no terminaba, notó que ambos ya habían dejado de comer y, nervioso, bajó el tenedor de inmediato.
Gisela rompió el silencio con un ligero carraspeo:
—Sr. Nelson, ¿podríamos platicar sobre los derechos del juego de Coneja Rosita?
Nelson la miró y contestó:
—Ya revisé la propuesta de su empresa. Me pareció bastante buena.
Gisela sonrió de forma contenida.
Por dentro, sabía que Nelson no rechazaría un trato tan conveniente.
Estaba por continuar:
—Entonces, espero que nuestra colaboración...
Pero Nelson la interrumpió de pronto:
—Sin embargo, no estoy dispuesto a vender.
La sonrisa de Gisela se quedó a medias.
No importaba. En los negocios, uno se enfrenta seguido a negativas. De hecho, en los últimos cinco años, eso era lo que más había experimentado y, a decir verdad, lo que mejor sabía manejar.
Gisela soltó una pequeña risa y dijo:


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