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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 504

En el video, Thiago estaba sentado en el sofá de la sala, lanzando miradas de fastidio mientras miraba sus propios pies. Impaciente, daba órdenes a los guardias de la familia Tovar para que sujetaran a su hija; él, mientras tanto, sacaba un encendedor del bolsillo y, con una sonrisa maliciosa que parecía inocente, le quemaba el brazo a la niña con la llama.

Su hija tenía apenas unos años, y varios guardias corpulentos la sostenían, impidiéndole moverse. Los gritos agudos de la niña, atravesando las bocinas del sistema de sonido, le desgarraban el alma a Gisela, que sentía cómo el dolor le partía el corazón y la rabia le nublaba la vista.

Salió corriendo a enfrentar a la familia Tovar, pero lo único que consiguió fue que los guardias la arrastraran fuera y la arrojaran sin miramientos frente a la entrada de la mansión Tovar.

Aún tuvo que soportar que Nelson le dijera:

—Eso te pasa por buscarlo.

Y ver a Romina marcharse abrazando a su hijo, riendo a carcajadas, como si nada la tocara.

Los recuerdos la golpeaban como un oleaje incontrolable, iban y venían, pero el odio seguía creciendo en su interior, cada vez más intenso, sin señal de detenerse.

La mirada de Gisela se volvía cada vez más dura, era imposible disimular el rencor que le ardía en el fondo de los ojos. Era una expresión tan distinta que hasta Xavier la observó de reojo, sorprendido.

—Gisela, Gisela...

La voz de Xavier logró sacarla poco a poco de sus pensamientos. Al volver en sí, vio que Thiago la miraba con recelo y se acurrucaba en los brazos de Romina como buscando refugio.

Gisela no pudo evitar reírse por dentro. Alzó la vista despacio y se cruzó con la mirada de Nelson y Romina.

Xavier se le acercó un poco más.

—Gisela, ¿te pasa algo? Te llamé varias veces y ni caso me hiciste.

Gisela bajó la voz y respondió:

—No pasa nada.

El asombro se reflejaba en el rostro de Romina.

—Gisela, ¿qué haces tú aquí? Qué coincidencia, ¿también viniste a comer?

Gisela le dedicó una sonrisa apenas curvada, recorriendo con la mirada la piel cuidada y la figura trabajada de Romina, producto de años de lujos.

—Sí, qué coincidencia.

Justo en ese momento, Sara, que había escuchado las voces, giró la cabeza y la miró con sorpresa.

—Gisela.

Gisela asintió en su dirección.

Capítulo 504 1

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