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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 505

Gisela se quedó un momento en silencio y volteó a ver a Xavier.

Xavier le guiñó un ojo y, moviendo apenas los labios, le dijo sin voz: —Déjamelo a mí.

Gisela no pudo evitar sonreír de lado.

No podía negar que tener a alguien de su lado, defendiéndola, era una sensación bastante agradable.

La sonrisa de Romina se congeló en sus labios y en su mirada: —Gisela, ¿no me digas que este joven es tu novio?

Gisela estuvo a punto de responderle que ese asunto no le concernía, pero Xavier la rodeó con el brazo, atrayéndola hacia sí, y soltó una carcajada fuerte y sincera:

—Así es, yo soy el novio de nuestra querida Gisela.

¿Nuestra Gisela?

A Gisela se le torció la boca, pero no lo detuvo. Después de todo, Xavier tenía el don de dejar a cualquiera sin palabras cuando se lo proponía.

Xavier sonrió con una seguridad que desarmaba a cualquiera:

—Perdón, señora, pero no soporto ver que le falten al respeto a mi Gisela. Puede que me haya pasado un poco con mis palabras, pero espero que no lo tome a mal. Después de todo, fue su hijo quien habló sin pensar, y como novio de Gisela, al menos debía decir algo para tranquilizarla.

Frente a todos, era evidente que Thiago había sido el grosero con los adultos, y Romina no tenía cómo refutarlo.

La sonrisa de Romina tembló, a punto de desaparecer:

—...Sí, fue culpa de Thiago.

Xavier le restó importancia con un gesto:

—No se preocupe, mi Gisela no le va a dar importancia a un niño tan travieso.

Thiago no aguantó más y gritó:

—¡El niño travieso eres tú!

Romina respiró hondo y, bajando la voz, le reprendió:

—Thiago, no seas tan maleducado.

—¿Novio? —la voz de Nelson, que había permanecido callado todo el tiempo, retumbó de repente. Sus ojos oscuros se clavaron en Gisela, transmitiendo una presión sutil pero intensa.

Esta vez, no hizo falta que Xavier interviniera.

Gisela asintió y dio un paso para alejarse.

Con el rabillo del ojo, alcanzó a ver al gerente del restaurante, que ya esperaba tras Romina, inclinándose respetuosamente hacia Nelson y Romina:

—Señor Nelson, señora Tovar, señor Thiago, por aquí, por favor.

Al escuchar “señora Tovar”, Romina enderezó la espalda y recuperó su actitud segura:

—Nelson, Thiago, vámonos.

Así, los dos grupos se separaron. Gisela mantuvo la calma, sin mostrar ninguna emoción.

Caminó junto a Xavier hasta sentarse frente a Sara.

—Maestra Sara, ya regresé.

Sara la miró conmovida, con los ojos brillando por las lágrimas contenidas. Observó la ropa y el porte de Gisela, asintiendo de inmediato:

—Qué bueno, qué bueno que volviste. Se nota que te ha ido muy bien en estos años. Siempre he seguido tus noticias, y la verdad, ya eres otra. Me siento orgullosa de ti.

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