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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 550

Gisela no dijo nada.

El hombre frunció el entrecejo, cada vez más molesto.

—¿Qué pasa? ¿Ustedes como papás ni siquiera saben lo que le acaba de pasar a su hijo? De verdad, qué irresponsabilidad.

Romina ya empezaba a enfadarse, pero aun así trató de explicarse con calma.

—Es que este niño salió corriendo tan rápido que no pudimos alcanzarlo. No sabemos qué pasó.

El hombre chasqueó la lengua varias veces.

—Por eso deberían agradecerle a esta señorita. Yo vi todo desde aquí. Su hijo casi se cae, si no fuera porque esta jovencita consiguió una cuerda, no hubiéramos podido sacarlo. Si no fuera por ella, su hijo a lo mejor ya estaría en el hospital, y ustedes también estarían allá llorando. Y no solo él, ustedes como papás también se las verían negras.

Romina no podía creerlo.

—¿De verdad? ¿Entonces fue Gisela quien salvó a Thiago?

El pequeño Thiago, que era muy avispado para su edad, escuchó lo que dijo el hombre y poco a poco dejó de llorar. Se limpió los ojos en silencio.

Nelson se quedó mirando a Gisela.

Ella se dio cuenta, pero no le interesaba devolverle la mirada.

Nelson habló con voz grave.

—Gisela, ¿fuiste tú quien ayudó a Thiago?

Gisela respondió con calma.

—¿El señor Nelson no me cree?

El hombre dio una palmada.

—¡Claro que fue ella! Yo lo vi con mis propios ojos. Ella lanzó la cuerda, y además no me olvidaría de una joven tan bonita como ella.

En ese momento, Esteban también se acercó.

—Sí, fue la señorita Gisela quien lo salvó. Yo también estaba ahí, no me equivoqué.

La gente alrededor, algunos que habían presenciado el incidente y otros que ayudaron en el rescate, empezaron a opinar uno tras otro.

—Sí, fue ella, seguro que fue ella la que salvó al niño.

Thiago ya no hizo ningún ruido. Se acurrucó en el cuello de Nelson, abrazándolo bien fuerte y sin decir ni una sola palabra.

Romina le sonrió dulcemente.

—Dime, lo que pueda hacer por ti, lo haré. Aunque… si es sobre los derechos del juego Coneja Rosita, la verdad no podría ayudarte, porque, como sabes, ese es el recuerdo especial entre Nelson y yo.

Mientras Romina hablaba, su cara se iba poniendo más roja. Gisela no pudo evitar curvar los labios en una sonrisa.

—No es eso —respondió ella—. Lo que quiero preguntarte es algo que solo tú puedes responder.

—Dímelo —contestó Romina.

Gisela miró a Esteban antes de continuar.

—Hace rato platicaba con el señor Esteban, y salió un tema que tiene que ver contigo.

La sonrisa de Romina se desdibujó un poco.

Ya se dio cuenta de lo que venía.

Gisela siguió hablando, con una sonrisa.

—El señor Esteban me dijo que tú, muy amablemente, le advertiste sobre mí. Le contaste que alguna vez copié ideas, que mi ética era dudosa, y hasta le sugeriste no venderme los derechos del juego.

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