Cuando Xavier salió, Gisela tomó el celular de la mesita junto a la cama. Notó que la batería estaba llena, seguramente Xavier lo había puesto a cargar mientras ella dormía profundamente.
En cuanto desbloqueó el celular, la pantalla se llenó de mensajes, la mayoría relacionados con el trabajo.
Se apoyó en la cabecera de la cama, bajó la mirada y empezó a responder uno por uno con paciencia. En ese momento, escuchó que alguien entraba en la habitación.
Gisela levantó la vista, algo sorprendida.
—¿Ya regresaste tan rápido?
Sin embargo, al fijar bien la mirada, notó que no era Xavier.
Joel estaba parado en la puerta, le sonrió con un gesto tímido y asintió, con una expresión que denotaba cierta culpa.
—Señorita Gisela.
Gisela respondió en voz baja:
—Pasa, siéntate.
Joel vaciló un poco, cruzó la habitación con paso lento y se detuvo cerca de la cama. Se veía nervioso, incómodo, sus ojos iban de un lado a otro y, al final, ni siquiera se sentó.
—Siéntate, podemos platicar mejor así —insistió Gisela.
Joel forzó una sonrisa incómoda.
—Prefiero quedarme parado, gracias.
Gisela no insistió más.
Por un momento reinó el silencio. Joel tenía el ceño fruncido, luchando con sus propias palabras. Finalmente, con una voz baja y llena de remordimiento, se animó a hablar.
—Señorita Gisela, quiero pedirle una disculpa. Ese día, si no me hubiera ido, usted no habría sido secuestrada. Fallé al encargo de Xavier y también le fallé a usted.
Gisela dejó el celular a un lado, entre divertida y resignada.
—Vaya, ustedes sí que parecen tener conexión, ¿eh? Xavier acaba de venir a disculparse y ahora tú también.
Joel se rascó la cabeza, confundido.
—¿Sí?...
El tono de Gisela era suave, pero seguro.
—No tienes por qué disculparte. No fue culpa de ustedes. Aunque no te hubieras ido, igual habrían encontrado la forma de hacerlo en otro momento. ¿Qué, ibas a estar pegado a mí todo el tiempo?
Joel seguía viéndose afligido, bajando la cabeza.
—Es que... ese día me ganó el antojo y por eso...
—Ya, ya —lo interrumpió Gisela—. Te digo que no tienes que disculparte. La policía ya me contó, fuiste tú quien me rescató, así que más bien yo debería darte las gracias. Gracias por salvarme.

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