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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 796

Cuando el teléfono de la comisaría sonó, la junta ya estaba por terminar. Aun así, Gisela decidió esperar unos minutos más y concluir la reunión antes de contestar.

Pidió a su asistente que contactara de inmediato a los responsables del proyecto Conejita Aventurera para que aclararan la situación. Además, dio instrucciones al departamento de relaciones públicas para que emitieran un comunicado lo antes posible.

Al terminar la reunión, el resto del equipo se dispersó rápido para atender sus tareas, y Gisela se dispuso a devolver la llamada a la comisaría.

La llamada fue contestada casi de inmediato.

—Señorita Gisela.

—Sí, disculpe, estaba en una reunión y no pude responder antes. ¿En qué puedo ayudarles?

La voz del policía sonaba seria, sin titubeos.

—Señorita Gisela, respecto a los casos en los que usted y Saúl estuvieron involucrados, alguien se entregó voluntariamente.

Gisela se quedó en silencio unos segundos.

—¿Quién fue?

—Ricardo Navarro, hijo de Hernán Navarro. Es el mismo Hernán que usted conoce. Ricardo vino a entregarse y declaró que él fue quien orquestó todo.

Los ojos de Gisela reflejaron sorpresa. Se le marcó el ceño al tratar de digerir la noticia.

En su mente, repasó quién era Ricardo. Tardó un poco en recordarlo, pero sí, Ricardo era el hijo favorito de Hernán, y si nada inesperado ocurría, sería el heredero principal de su fortuna.

¿Ricardo? ¿Cómo era posible?

El policía continuó sin esperar respuesta.

—Le agradeceríamos que viniera a la comisaría. Aquí podremos explicarle todo mejor.

—Está bien —respondió, aunque la cabeza le daba vueltas.

Cuando estaba a punto de colgar, Gisela habló apresurada.

—¡Espere!

—¿Pasa algo?

Dudó unos instantes antes de preguntar:

—¿Ya le avisaron a Saúl?

—Un colega mío ya lo contactó. En un rato también vendrá para acá.

El cabello, que antes siempre llevaba bien peinado, ahora lucía descuidado. La camisa parecía puesta al azar, sin el menor interés en la apariencia. No era el Saúl de antes.

Gisela sabía que Saúl había estado ausente del hospital, había pedido licencia y no había regresado a trabajar. Tampoco había respondido sus mensajes.

Sin decir nada, Gisela bajó la mirada y entró al edificio.

La agente que los recibió era una mujer a la que Gisela ya conocía de otras ocasiones. Apenas la vio, se acercó.

—Señorita Gisela, señor Saúl, mejor vamos a la oficina para platicar con calma.

Saúl, que no se había dado cuenta de la presencia de Gisela, tardó un par de segundos en reaccionar antes de asentir.

Gisela, al ver el estado de Saúl, sintió una punzada en el pecho. Se le notaba la preocupación en los ojos.

La oficial puso su vaso de agua sobre la mesa y los invitó a sentarse.

—Por favor, tomen asiento.

Se acomodó justo frente a ellos, entrelazando los dedos sobre la mesa, y empezó a detallar la relación entre Ricardo y Hernán. Después, explicó a Saúl los antecedentes entre Gisela y Hernán, sin omitir detalles importantes.

Gisela, mientras escuchaba, alcanzó a ver por el rabillo del ojo que Saúl levantaba la cabeza, le costaba procesar la información, pero al final asintió, indicando a la oficial que continuara.

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