Gisela arqueó una ceja y soltó:
—Puedes ir, pero no quiero pleitos, nada de golpes y ni se te ocurra hacer berrinche.
Xavier la miró con algo de molestia.
—¿Crees que soy de esos?
—De todos modos, esta vez vamos porque necesitamos pedirle un favor, así que hay que ser amables —Gisela enfatizó, con ese tono de quien no acepta objeciones.
—Yo sí sé comportarme, deberías confiar en mí —Xavier replicó, en tono serio.
—Eso espero —le lanzó Gisela, provocándolo a propósito.
—¿Cómo que "eso espero"? —reviró Xavier, frunciendo el ceño.
...
La cita de esa noche era en un restaurante que solía frecuentar Gisela con sus clientes, el mismo que su secretaria había reservado. El lugar era tranquilo y con ambiente elegante, la comida excelente y el espacio privado decorado con gusto, ideal para recibir a alguien importante.
Cuando Gisela y Xavier llegaron, Nelson aún no aparecía, así que aprovecharon para revisar el menú.
Gisela, al momento de pedir, evitó escoger cualquier platillo dulce.
Xavier, sentado a su lado, no perdió detalle. Fingiendo indiferencia, comentó:
—¿Nelson no come nada dulce?
Gisela hizo una pausa, lo miró y asintió sin decir más.
Xavier dejó escapar una sonrisa con un matiz difícil de descifrar.
—Vaya, después de todos estos años, todavía te acuerdas bien de sus gustos.
Gisela dejó el menú sobre la mesa, resignada.
—¿Qué te dije antes de venir?
Xavier apretó los labios, prefirió no responder.
Gisela le entregó el menú al mesero.
—Esta vez vinimos para que Nelson se sienta cómodo, necesitamos su autorización y eso facilita todo.
Xavier bajó la voz, con cierto dejo de desilusión.
—Ya entendí...
En ese momento, Nelson llegó.
Para Gisela, era la primera vez que veía a Nelson desde la muerte de Romina. El hombre lucía igual que siempre: traje impecable, cabello perfectamente peinado, ni un solo gesto fuera de lugar. No se notaba ni abatido ni decaído; su mirada mantenía la misma calma de siempre, como si nada hubiera cambiado.
—La empresa aceptó autorizarles lo que piden. Sigan el proceso y listo. Si lo requieren, también podemos emitir un comunicado oficial desde la cuenta de Conejita Aventurera.
Eso despertó la desconfianza de Gisela. Nelson acababa de decir, sin rodeos, el motivo de su visita, antes de que ella pudiera sacar el tema. Las cosas no podían ser tan simples.
—¿Señor Nelson, tiene alguna condición? —preguntó Gisela, con cautela.
Nelson la miró directo, con unos ojos tan profundos que costaba descifrar qué pensaba.
—Sí, la tengo.
Que Nelson pusiera una condición en realidad la tranquilizaba; así ninguno quedaba debiéndole nada al otro. Todo quedaba claro y en paz.
Gisela esbozó una media sonrisa.
—Dígame.
Nelson respondió sin titubear.
—Mañana en la mañana, acompáñame a un lugar.
La petición la tomó por sorpresa. Gisela pensó que sería algo relacionado con la empresa, un papeleo o algún trámite.
No se comprometió de inmediato y preguntó:
—¿De qué se trata?

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