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Después de Traicionarme, Ruegas por Mi Amor romance Capítulo 13

—Elio, es hora de irnos.

Fue al repetir esto por tercera vez que Simona por fin se dio cuenta de que no había respuesta.

Se giró bruscamente.

Frente a la vitrina del calamar gigante no había nadie. Solo la luz azul iluminaba a la enorme y pálida criatura marina, cuyos tentáculos flotaban estáticos en el agua simulada.

Unos segundos antes, su hijo había estado allí de pie, señalando emocionado el ojo del calamar diciendo que «era tan grande como una pelota de baloncesto», pero ahora había desaparecido.

—¿Elio? —La voz de Simona resonó débil en la inmensidad de la sala de exhibición.

No hubo un «¡Mamá, estoy aquí!» en respuesta.

Un escalofrío le recorrió la espalda y, de inmediato, cualquier distracción desapareció. Simona empezó a correr por los pasillos cercanos, revisando cada rincón y cada esquina.

—¡Elio! ¡Elio Fuentealba!

Lo único que recibió fueron las miradas extrañadas de otros visitantes.

El pánico la invadió como si se ahogara en aguas heladas. Corrió de vuelta al área del calamar, buscando desesperadamente como si estuviera loca. ¿Se habría escondido detrás de las pantallas interactivas? ¿Habría ido a ver los dientes de tiburón en la otra sala? ¡No estaba por ningún lado!

Agarró a un empleado y, en un inglés atropellado, le dijo:

—My son! Five years old! Red jacket! Lost!

El trabajador, entendiendo la gravedad de la situación, llamó de inmediato por su radio. Pronto, los altavoces del museo empezaron a emitir avisos de búsqueda en sueco e inglés.

El tiempo pasaba y el corazón de Simona se apretaba cada vez más. Diez minutos después, seguían sin noticias de Elio.

Simona respiró profundo y, con manos temblorosas, marcó el número de Julián.

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