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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 24

La comida que habían pedido fue servida, y ella decidió ignorar lo que Tácio acababa de decir. Había cosas que no podrían ocurrir, pues ella consideraba que era demasiado tarde.

—Dijiste que necesitabas mi ayuda. ¿Qué querías decirme? —preguntó ella, recordando el mensaje que él le había enviado.

—Muy bien. —sonrió, percibiendo que ella no quería tocar aquel tema. —Mi hermana menor se va a casar.

—¿En serio?

Tácio tenía una hermana menor, que vivía con los padres. Después de la facultad, se graduó en pediatría y pronto consiguió un novio.

—Ella me invitó para ser el padrino de la boda, pero lamentablemente, no podré aceptar —dijo con cierta melancolía. —La propuesta que recibí aquí en Estados Unidos me impedirá participar en algunos eventos para los padrinos, así que solo podré estar el día de su boda como invitado.

—Qué pena. Lo digo por ella —corrigió. —Porque estoy muy feliz por ti, haciendo acompañamientos con residentes de otro país; eso significa que tu trabajo está siendo más reconocido. —dijo Rafa.

—Realmente, esta oportunidad está siendo única. Por eso ella fue muy comprensiva y lo aceptó sin problemas. Aun así, sentí que quedaría en falta con ella, por eso prometí que le regalaría las alianzas.

—Qué suerte la de ella por tener un hermano tan atento así.

—Pero confieso que no sé cuál comprar; me gustaría mucho una opinión femenina. ¿Me ayudarías a elegir? —preguntó. —Sé que estás muy ocupada, Rafa, pero no habría mejor persona que tú para ayudarme con esto.

—Claro que puedo —respondió entusiasmada.

Ella no quería estar cerca de Tácio por mucho tiempo, pero ese era un pedido más que especial. Ella conocía a la hermana menor de él y le gustaba mucho.

—Qué bueno que me ayudarás, me siento más aliviado con eso.

—¿Cuándo vas a comprar? —preguntó ella.

—¿Podrías ir conmigo hoy? Claro, si no va a interrumpir algún compromiso tuyo.

—No tengo ningún compromiso, no te preocupes. Solo hay una cosa, necesito ir a casa primero. Estoy segura de que vas a un lugar muy elegante; no puedo ir de cualquier manera.

—No hables así, estás hermosa —la elogió.

—Gracias por el elogio; aun así, creo que puedo mejorar un poco.

—Muy bien, después del almuerzo puedo llevarte a tu casa.

—No es necesario —respondió rápidamente. —Podemos quedar de vernos en algún lugar.

—¿Por qué? —preguntó desconfiado. —¿No quieres que sepa dónde vives?

—No es eso —respondió incómoda.

Pero sí lo era, ella temía que si Tácio descubría dónde vivía, podría aparecer en algún momento inoportuno.

—No necesitas preocuparte por eso, Rafa, jamás iría a tu casa sin avisarte antes. Siempre fue así, ¿acaso lo olvidaste? —preguntó él. Su tono de voz parecía un poco ofendido.

—No estaba pensando en eso —mintió una vez más. —Solo dije eso para que no tuvieras mucho trabajo conmigo.

—Soy yo quien te está dando trabajo, ¿no lo notas? —sonrió. —Como mínimo, debo llevarte y traerte a donde quieras ir.

Sin poder cuestionar, allí estaba Rafaela, en el coche de Tácio, camino a su apartamento.

—¿De quién es este coche? —preguntó ella, curiosa.

—Lo alquilé —respondió. —Como voy a pasar mucho tiempo por aquí, no puedo depender de otras personas.

—Entiendo. —pensó, antes de hacer una pregunta más. —¿Dónde estás viviendo?

—En el Upper West Side.

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